viernes, 20 de noviembre de 2009
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La televisión mató a la estrella de la estadística

Los tres candidatos a la presidencia del Gobierno regional, antes del debate.EFE
Los tres candidatos a la presidencia del Gobierno regional, antes del debate.EFE
22-5-2003 00:11:47

La televisión mató a la estrella de la estadística. El debate arrolló a Adán Martín desde el comienzo. Le pasó por encima una estampida de gestos, eslóganes y poses de medida telegenia, desatada por Juan Carlos Alemán y, sobre todo, por José Manuel Soria.

El candidato de CC esperaba un rondó de trámite y se encontró con contrincantes pertrechados para el rugby. Buscó el lenguaje y el tono de un seminario de doctorado, pero en el plató de Antena 3 no le habían dispuesto mesa, pizarra y silla, sino un estrado minimalista flotando en un océano enmoquetado; una escenografía para el desvalimiento, que dejó a los candidatos a merced de su cansancio, las arrugas de su camisa o las ganas de ir al lavabo.

Quizá confió en que los espectadores elegirían, a esa hora, las aventuras de un tal Dinio y una tal Yola, o que cambiarían de canal una vez que él consiguiese teñir a sus contrincantes de un color salmón propio de canales temáticos como Bloomberg.

Sin embargo, lo cierto es que el estilo regeneracionista de Alemán, con una exaltación de la Democracia al final del debate, que recordó al Tocqueville de Democracia en América, y el no menos impactante estilo energético de Soria, cargado de fe en el talento del pueblo y en las ilimitadas posibilidades del progreso, a lo JF Kennedy en su mejor momento, engancharon a los espectadores isleños: 108.000 personas siguieron el único debate televisivo de la campaña de las Elecciones autonómicas, con puntas de audiencia del 60% en Las Palmas y del 40% en Santa Cruz de Tenerife, según datos de la auditora Sofres.

Uno de esos espectadores debió sentirse la noche del martes, frente al televisor, como la prometedora estrella de un equipo que, de pronto, se ve confinada al banquillo en un partido decisivo, hecho a su medida. Debió pensar que los suyos estaban siendo vapuleados por no haber puesto en juego al crack adecuado. Debió verse a sí mismo ante ese estrado: apuesto, repeinado, joven, con ese descaro en el rostro y ese impulso fácil para la gresca que sólo dan la juventud y la ignorancia, seguro de sí mismo y confiado en hablar el idioma de la gente; ese estrado al que ahora se aferraba, como un náufrago, el jugador titular, el elegido para la gran contienda, el beneficiario de las intrigas que enviaron a la suplencia, aquel «émulo de Jordi Pujol, llamado a liderar el nacionalismo canario durante los próximos veinte años», como lo definió, entre incienso,uno de sus hagiógrafos al despuntar su estrella en Coalición Canaria (CC); los mismos hagiógrafos que están apunto de reciclar sentencias de gloria como aquélla y burilar con punzón esforzado el nombre del nuevo presidente sobre los perfiles mellados del de Román Rodríguez, ese espectador del debate de la otra noche, maltratado por el destino y por José Carlos Mauricio, que impidió su reelección como candidato a la Presidencia autonómica.

El debate de Antena 3 TV tuvo un perdedor claro, Adán Martín, o dos, si se cuenta a un Román Rodríguez maniatado, sin poder enfrentarse a Soria como a él le hubiese gustado, dándole a probar de su propia medicina, la comunicación directa y el ataque a la yugular.

En cuanto a los ganadores, la cosa va por barrios, por tribus y por medios. Hay quien no duda en atribuírsela a Soria, que manejó con soltura el lenguaje televisivo, transmitió con claridad su mensaje de pactos en materia de Seguridad, Sanidad, Formación y Empleo. Lo acompañó la suerte al corresponderle los mejores turnos de intervención y también por su ubicación en el centro del plató, con lo que consiguió sin esfuerzo llevar la iniciativa y que los otros dos contrincantes se viesen obligados a responder a sus propuestas y a dirigirse en todo momento a él.

Hubo momentos realmente brillantes del candidato del PP, y altamente eficaces para potenciar su popularidad. Fue uno de ellos cuando evocó la dispersión de inmigrantes ilegales en el Parque de Santa Catalina y las medidas que, como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, se vio obligado a adoptar, «en medio de una soledad institucional como pocas veces se ha visto en la historia de España». Soria miró a la cámara y dijo que pagó billetes de avión a los inmigrantes, para que se trasladasen a la Península, porque los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria no tenían por qué sufrir las consecuencias del cerco político que las instituciones gobernadas por CC (Gobierno, Cabildo), con el apoyo del PSC, habían puesto a un alcalde del Partido Popular. «Creyeron que deteriorando la convivencia en Las Palmas iban a acabar con este alcalde», añadió Soria, esta vez mirando alternativamente a Adán Martín y a Alemán. Este pasaje del debate es capaz de haber despertado el orgullo de los electores de Las Palmas capital y de Gran Canaria, lo que puede haber apuntalado la mayoría del PP el próximo domingo, sobre todo si se tiene en cuenta que el programa de Antena 3 TV tuvo picos del 60 por ciento de audiencia la provincia oriental. La otra cara de esta apuesta de Soria, durante el debate, es la reacción de los electores de Tenerife. Y es que si algún efecto puede haber tenido el debate televisivo es el de polarizar aún más el voto en las dos islas capitalinas. El acoso al que Soria sometió en algunos momentos a Adán Martín puede volverse en contra del candidato popular, sobre todo en un Archipiélago acostumbrado a votar con una mentalidad marcadamente insularista.

La intervención de mayor altura política, no obstante, fue la que Juan Carlos Alemán reservó para el final y que compensó con creces las deficiencias técnicas de su micrófono que impidieron, durante una parte del programa, escuchar sus propuestas.

Alemán expuso un brillante alegato por un cambio político en la región basado en el poder de la gente expresado con el voto. Fue lo mejor de un debate a ratos intenso, todo un fastidio para el candidato de Coalición Canaria.

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