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El pez cebra compite con el ratón

Durante siglos, los sufridos roedores han servido como animales de experimentación en el laboratorio. Pero desde hace unos años, el pez cebra («Danio rerio»), un ciprínido emparentado con las carpas y

Actualizado 22/04/2008 - 02:55:14
Durante siglos, los sufridos roedores han servido como animales de experimentación en el laboratorio. Pero desde hace unos años, el pez cebra («Danio rerio»), un ciprínido emparentado con las carpas y los barbos, ha despertado la atención de los investigadores. Hasta el punto de convertirse en el segundo modelo animal más utilizado después del ratón.
El motivo es que este pez rayado, además de ser uno de los más fáciles de criar en un acuario, presenta una serie de ventajas frente a otros vertebrados. Entre ellas destaca que su desarrollo se produce fuera del cuerpo materno, en el agua, y los embriones son transparentes, lo que permite ver los cambios que se van produciendo a medida que los pequeños peces van tomando forma. Y lo que es más importante, se pueden apreciar los efectos de diversos medicamentos y sustancias tóxicas sobre sus órganos internos. Un día después de la fecundación ya se han formado las segmentaciones del cerebro, el tubo neural -precursor del Sistema Nervioso Central- y los somitos -que darán origen a los músculos y los huesos-. A los cinco días se han formado los ojos y los oídos y aparecen el corazón, el hígado, los riñones y el páncreas. Y los sistemas circulatorio, digestivo y nervioso entran en funcionamiento.
Estas características han hecho que «Danio», que antes no pasaba de ser una mascota, se haya colado en el laboratorio como una joven promesa capaz de arrojar luz sobre enfermedades como el cáncer y el párkinson. Aunque la lista de patologías en las que está «colaborando» incluye otras tan dispares como los trastornos de sistema inmunitario, los cardiovasculares, las alteraciones del sueños o la drogodependencia.
Regenera el corazón
El primero en fijarse en él, en la década de los setenta del siglo pasado fue, George Streisinger, de la Universidad de Oregón (EE.UU.), que lo propuso como un modelo para el desarrollo genético de los vertebrados alternativo a los dos que se utilizaban hasta entonces: el ratón y la mosca del vinagre.
Una de las cualidades de este pez que más intriga a los científicos es su capacidad para regenerar el corazón. La prestigiosa revista «Science» se hacía eco de ello en diciembre de 2002, cuando se dio a conocer. Practicando una pequeña incisión en el vientre de un «Danio» adulto se puede extirpar parte del corazón sin que el animal muera. A los pocos días la forma y función del corazón están totalmente restauradas. Algo que se ha convertido en un objetivo envidiable para los científicos.
Con sus 22.100 genes, el pez cebra se asemeja en un 80 por ciento a nosotros, que tenemos cerca de 24.000. Lo que le da más puntos como modelo de experimentación que permite a los científicos «jugar» con sus genes. Activándolos y desactivándolos puede saberse qué efectos se producen en los órganos de los peces en desarrollo.
Con tan prometedor currículo no es de extrañar que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas se haya interesado por este vertebrado acuático y haya creado en Sevilla la «Plataforma Genómica Funcional», la mayor instalación de peces cebra del mundo. Con capacidad para 3.000 peceras de temperatura controlada, permitirá el estudio de todas las variantes de «Danios»transgénicos que se conocen hasta el momento.
Con luz propia
Y es que, como no podía ser menos, estos animalitos en poco más de diez años han acumulado 1.000 mutaciones distintas en cuatrocientos de sus genes. Y también se les han introducido DNA extraño (peces transgénicos), que les han permitido, por ejemplo, convertirse en fluorescentes. Una capacidad que sólo muestran cuando el medio en el que viven está muy contaminado y que puede ser útil en el estudio de la esterilidad y el cáncer, que guardan relación con la exposición a este tipo de sustancias químicas.
Pilar Quijada
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