domingo, 22 de noviembre de 2009
Valoración:
22-3-2009 09:16:09
Cargo
Se acusa al portavoz de IU en el Ayuntamiento de confundir una rueda de prensa o el Pleno municipal con una clase teórica de ciencias políticas. Torrijos sigue sin contestar a las preguntas más comprometidas de este enredado caso donde nadie sabe dónde están las ayudas que se cursaron desde su ámbito político.
Fiscal
Señores del jurado, este señor no da la talla para asumir la responsabilidad política que le toca. Y no da la talla no porque lo diga este fiscal. No da la talla porque convirtió una rueda de prensa y después nada menos que el Pleno en un ataque desconsiderado, caprichoso y sectario. En la rueda, contra tres periodistas sevillanos. Dos de esta casa: Alberto G. Reyes y Eduardo Barba. Y el otro de El Mundo: Sebastián Torres. Todos ellos, en función de sus obligaciones profesionales, fueron a la rueda de prensa a preguntarle por lo que tenían que preguntarle sobre las subvenciones a determinadas comunidades latinoamericanas con fondos de la delegación de Relaciones Institucionales, que él dirige. Sólo querían preguntar. Torrijos los insultó.
Y los insultó, primero, no respondiendo a sus preguntas y convirtiendo la rueda de prensa en una pretendida lección de ciencias políticas. Algo que repitió en el Pleno de anteayer. Qué paradoja: un sindicalista señalado por un sector de su propio sindicato dando clases de ciencias políticas. Genial. Los periodistas le preguntaban por el destino de las subvenciones. Y Torrijos respondía, como un Marcuse de cachamba y cachimba, teorizando sobre el papel que los periodistas y él mismo desarrollan en este juego. ¿A qué juego se refiere cuando la pregunta concreta era saber el destino y parada de unas subvenciones con fondos municipales sevillanos? Ninguno de los periodistas jugaba a nada, señores del jurado. Tal vez el único que está jugando con la confianza pública de su cargo es el señor Torrijos. Y eso es precisamente lo que quieren saber y deben de seguir investigando el periodismo sevillano. ¿Por qué no investigan ustedes las subvenciones a las hermandades?, sugirió un descontrolado Torrijos. ¿Hay algo que investigar, señor portavoz?
En las cumbres nevadas de su escalada verbal, el señor Torrijos, señores del jurado, llegó a decirle a uno de los periodistas que, al final, sería tratado como un kleenex por su empresa. Algo debe saber de eso el señor Torrijos ya que en política es donde más kleenex se usan para llorar despidos sonados. Pido la condena del señor Torrijos por no ser transparente en la gestión de las subvenciones latinoamericanas.
Defensa
Si dice usted que el señor Torrijos no da la talla para estar a la altura de este gobierno municipal yo, señor fiscal, mantengo que la ciudad de Sevilla no está al nivel de la magnitud intelectual, política y oratoria de mi defendido. Así de simple. Y quiero que esto lo tengan muy claro los miembros del jurado. No estamos ante un portavoz cualquiera. No estamos ante un político al uso. No estamos ante la calderilla militante de un partido residual que llegó al poder por el cepillo electoral de un consenso político de izquierdas. Estamos, señores del jurado, ante un político de una talla tan desmesurada, tan alta y preclara que, como mínimo, debería comprenderse que es difícil comprenderlo.
Me explico: el señor Torrijos necesita interlocutores de su altura y formación. Necesita intelectuales como Beltran Russell, Sartre (por favor no confundirlo con el de Francisco Camps) Lin Piao o Plenajov. De ahí para abajo mi defendido no tiene interlocutores posibles. Debe ser muy dura la soledad del intelectual que se sabe por encima de la mediocridad reinante. Esa soledad, tan vertiginosa, es posible que te haga perder los papeles en una rueda de prensa como la que usted cita. Pero usted, señor fiscal, debe comprender que el señor Torrijos, ojo, un intelectual de la sanidad a la altura de Pasteur, Fleming o el Doctor Cabezas mismo, pierda los papeles ante la infantil insistencia periodística de tres profesionales que preguntaban lo que ya se sabe.
Sí, sí, sí señor fiscal. Los periodistas que usted defiende saben sobradamente la respuesta a esas preguntas. ¿Dónde está el dinero de las subvenciones del área de influencia del señor Torrijos? En el Ayuntamiento. El señor Torrijos lo ha repetido más de mil veces. No ha salido ni un euro de este Ayuntamiento. Y ahí está el señor interventor para ratificarlo. Que el interventor diga que no es su obligación manifestarlo públicamente y le pase la pelota al señor Torrijos es otra cosa. Y ahí está el señor Torrijos para insistir en el tema: de Sevilla no ha salido un euro. Digan lo que digan en Nicaragua, Colombia o en el cementerio de Colón de La Habana. Pido la exculpación de mi defendido.

Sentencia

Contestar con una clase de retórica barata a tres preguntas concretas merece la condena siguiente: el señor Torrijos, gracias a su capacidad intelectual, se aprenderá de memoria las obras completas de Pío Moa para debatirlas, con Lolo Silva, en un seminario político sobre la libertad de subvención a celebrar en una casa de protocolo cubana. En los intermedios habrá derecho a mojito y a escaqueo para hacer la revolución a costa del contribuyente con paseo a pabellón cubierto con una carpa muy parecida a la de la Copa Davis sevillana que se perdió.

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