
En el Palacio de La Moncloa no parece haber sentado nada bien la forma en que la ministra de Defensa, Carme Chacón, explicó el Día de San José la retirada de las tropas españolas de Kosovo. Desde luego, así se desprende de las palabras del secretario general de la Presidencia, Bernardino León, quien, tras calmar el enfado de la Administración Obama en una reunión con James Jones, consejero de Seguridad americano, reconoció que el Gobierno no supo explicar bien la salida de las fuerzas españolas. «El anuncio -aclaró León en una entrevista con la cadena Ser- lo hizo la ministra de Defensa explicando que sería una salida gradual y coordinada, pero creo que esos adjetivos no sirvieron para explicar hasta el punto que habría sido necesario la voluntad de España de coordinar en el tiempo y prolongar la estancia de nuestras tropas mientras sea necesario y de hacerlo teniendo en cuenta la visión de los comandantes en el terreno». Las palabras de León parecen revelar el malestar que ha generado en el entorno del presidente del Gobierno el «modus operandi» de la titular de Defensa, anunciando sin las justificaciones diplomáticas oportunas, una decisión que podría -como así ha sido- afectar negativamente a las relaciones de España con sus aliados y, especialmente, con Estados Unidos, a pocos días del primer encuentro de Zapatero con Obama en la cumbre del G-20. Bernardino León optó por poner distancia con la gestión de Chacón: «La ministra -recordó- consideró oportuno hacer el anuncio en su visita a las tropas y no quiero ser yo quien juzgue esa oportunidad». Hay fuentes que incluso apuntan a que el estupor con el que Washington acogió públicamente la decisión española no sería exclusivo de la Casa Blanca, ya que también habría causado esa misma sorpresa en La Moncloa, toda vez que la ministra no habría consultado con los asesores de Zapatero cómo iba a difundir la noticia.
Lo cierto es que la reacción de los aliados de España en la OTAN, algunos de cuyos representantes calificaron la postura española de «decisión impresentable», obligaron a Bernardino León a intentar deshacer el entuerto el viernes en Washington, aunque para ello tuviera que utilizar un encuentro pactado desde hace semanas y con una agenda previa diferente con el asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense, James Jones. León explicó las «razones» del Gobierno español y dijo haber encontrado por parte de la Casa Blanca una posición «comprensiva y constructiva». El secretario de Presidencia considera «ya resuelto el asunto» y cree que Estados Unidos «ha pasado ya página». Al termino del encuentro con la Administración Obama, León aludió de nuevo a las explicaciones no dadas: «En la medida en que pudimos explicar el sentido de la decisión, encontramos una reacción positiva y de plena comprensión», aclaró.
Comprensión que, por cierto, no comparte en su totalidad el PP, cuyo vicesecretario general, Javier Arenas, aseguró ayer que la retirada de Kosovo «puede ser un acierto en el fondo, pero no en las formas». Arenas criticó que la retirada del contingente español del territorio balcánico haya sido una decisión tomada «al margen de lo que significa nuestra alianza con los países democráticos».



