sábado, 21 de noviembre de 2009
Valoración:
PHILIPPE VALEstá previsto que un tribunal francés decida hoy si yo y «Charlie Hebdo», el periódico que dirijo, cometimos un crimen al publicar caricaturas del profeta Mahoma. Si, como defienden las
Blasfemia moderna
Blasfemia moderna
22-3-2007 02:57:21
PHILIPPE VAL
Está previsto que un tribunal francés decida hoy si yo y «Charlie Hebdo», el periódico que dirijo, cometimos un crimen al publicar caricaturas del profeta Mahoma. Si, como defienden las organizaciones de musulmanes franceses que han presentado la demanda, el tribunal decide que soy culpable de «insultar públicamente a un grupo de personas a causa de su religión», de racismo básicamente, podría ir a la cárcel durante seis meses y ser multado con miles de euros. En el desenlace de este juicio hay mucho en juego para la libertad de expresión en Francia y en Europa.
Es necesario explicar brevemente las circunstancias. Como recordarán, las «caricaturas danesas» originales fueron publicadas en septiembre de 2005 en el «Jyllands-Posten» de Dinamarca, sin que despertasen mayor interés. Pero más tarde, ese mismo año, un grupo de imanes fundamentalistas daneses se embarcó en una gira por Oriente Próximo para denunciar lo que ellos afirmaban que era racismo antimusulmán en Dinamarca. Basaron su argumentación no sólo en las 12 caricaturas publicadas en el «Jyllands-Posten» que llevaron consigo, sino además en otras con claras connotaciones racistas, que acabaron por encender la chispa. Toda la historia nació a raíz de una especie de manipulación de la opinión pública en países como Egipto, Yemen y Sudán, donde la tasa oficial de analfabetismo alcanza el 80 por ciento.
Estallaron los alborotos en Oriente Próximo. En Siria y en Irak hubo manifestaciones enormes, por lo general organizadas por la Policía, puesto que en esas dictaduras está prohibida cualquier protesta no autorizada por el Gobierno. En Líbano incendiaron la Embajada danesa, lo cual constituye un acto de guerra. En muchos países musulmanes fueron atacadas empresas danesas, sin que ello molestase en exceso a los demás Estados miembros de la Unión Europea. Todo lo contrario: muchos dijeron que el «Jyllands-Posten» era un periódico xenófobo, lo cual es mentira, y que Dinamarca es un país xenófobo, lo cual es igualmente falso. (Durante la última guerra, cuando los nazis pidieron a los daneses que entregasen a los judíos, los daneses fueron los únicos europeos, junto con los búlgaros, que se negaron).
En febrero del año pasado, el director del diario «France Soir», Jacques Lefranc, decidió publicar las caricaturas en Francia. Le despidieron inmediatamente. Y fue para protestar contra el despido de Lefranc por lo que yo decidí a mi vez publicar las caricaturas en «Charlie Hebdo». Nuestro titular de portada fue «Mahoma desbordado por los extremistas», acompañado de un dibujo de Cabu en el que salía el profeta tapándose los ojos con las manos y llorando, con la leyenda «Es duro ser amado por idiotas». Invité a mis colegas de la prensa diaria y semanal a que también reprodujesen las caricaturas danesas. La mayoría de ellos publicaron algunas; sólo «L´Express» las publicó todas.
Antes de publicarlas, me presionaron para que no lo hiciese y fui convocado por el jefe de gabinete del primer ministro; me negué a ir. Al día siguiente, la Gran Mezquita de París y la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia interpusieron una demanda para evitar que ese número de «Charlie Hebdo» saliese a la venta. El Gobierno les dio su apoyo, pero la demanda fue rechazada.
Tras la publicación de las caricaturas, los grupos musulmanes me atacaron con demandas por racismo. El presidente Jacques Chirac, que ha defendido el juicio recién concluido, les ofreció los servicios de su abogado personal, Francis Szpiner, Dalil Bobakeur, rector de la Gran Mezquita, que siempre hace caso de las órdenes del Elíseo.
Con todo lo que peligra en este caso, el desenlace del cual ignoro en el momento de escribir estas líneas, nos han mostrado su apoyo políticos franceses de todos los colores. En la derecha, los candidatos a la presidencia François Bayrou y Nicolas Sarkozy, y en la izquierda, el secretario general del Partido Socialista, François Hollande, han salido en defensa de «Charlie Hebdo». No se lo había pedido. Toda una serie de intelectuales judíos, cristianos y musulmanes se han sentado en el banquillo de los testigos para salir en nuestra defensa, y a través de nosotros, en defensa de la libertad de expresión en un Estado de derecho. Estas caricaturas no criticaban a los creyentes, sino la religión cuando se convierte en coartada para perpetrar actos terroristas. Cuando la religión abandona el ámbito de lo privado, se convierte en una ideología como cualquier otra y debe aceptar que la critiquen con la misma virulencia que a cualquier otra ideología. Es algo que forma parte de la esencia misma de la democracia.
Puesto que resulta impensable que se pueda convencer al Parlamento francés de que restablezca la blasfemia como crimen, los demandantes eligieron la vía legal para intentar conseguir un veredicto que prohíba cualquier crítica de la religión. Pero si desea sobrevivir, la democracia debe enfrentarse a los dogmas. Es algo que vimos cuando se reconocieron los derechos de las mujeres y de los homosexuales; es algo que volvemos a ver hoy en día con la defensa de la investigación sobre las células madre, por ejemplo. Este juicio es importante para todas las formas de expresión que deberían florecer en democracia: la pintura, el cine, la literatura, el periodismo, la investigación científica, e incluso la libertad de expresión de la que se hace uso todos los días. Los límites de esta libertad ya los establecen las leyes que protegen la vida, y que penalizan el racismo, los insultos y la difamación. Nadie incumplió ninguna de ellas al publicar las caricaturas danesas.
G The Wall Street Journal
AFP
Philippe Val muestra una de las polémicas portadas del semanario

Enviar a:

¿qué es esto?



Ir a la edición seleccionada
Vocento Aviso Legal   Alianza Europea de Diarios