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«Gaudí y el conde de Güell» narra la relación entre arquitecto y mecenas

Gaudí, como la Sagrada Familia, va adquiriendo nuevos relieves a medida que transcurre el tiempo. Un aspecto casi inédito hasta el momento era la relación entre el arquitecto y su mecenas, el conde de Güell. Después de acceder a la documentación oral y escrita de su familia, una tataranieta, Carmen Güell, relata en un libro una de las mejores aventuras culturales de la Cataluña de hace un siglo.

Actualizado 22/03/2001 - 00:26:30
Carmen Güell es historiadora del arte. ABC
Carmen Güell es historiadora del arte. ABC
La historia comienza con todo un «coup de coeur». Eusebio Güell Bacigalupi, un empresario catalán de mucho arranque, viaja a París para visitar la Exposición Universal de 1878. Observador como es, nada le pasa desapercibido. Ha acudido a esta cita internacional para respirar los aires de otros países, pero se detiene ante una vitrina del pabellón español. Ve todo un portento de genialidad que se ha hecho construir la guantería Esteban Comella de Barcelona: seis cristales planos unidos por piezas metálicas, que forman un paralelepípedo en su parte exterior mientras que en el interior deja verse un templete trabajado para delirio de caprichosos. Para Güell, aquello sería el anzuelo: tras él estaba un tal Antonio Gaudí, un joven arquitecto de 26 años. Llegar a España e interesarse por él será una sola cosa.
Pero antes de que llegue el momento, Carmen Güell nos ha hecho embarcar rumbo a Cuba y más tarde a Santo Domingo, sufrir los avatares de catalanes que hacían las américas, regresar como indianos, entrar en la familia de un esforzado Juan Güell que a los nueve años cruza el océano, ver el nacimiento de Eusebio Güell Bacigalupi, quien sería primer conde de la saga, conocer los logros de las navieras y de la venta de la harina allende los mares...
UNA TRANSFORMACIÓN PERSONAL
Últimas décadas del siglo XIX. El lector asciende por la Rambla de los Capuchinos y entra en el Palacio Moja. Encuentra a mosén Cinto Verdaguer como capellán de la familia López -marqueses de Comillas- de la que una hija, Isabel, se casará con Eusebio Güell. Verdaguer será el poeta nacional de Cataluña y algunas de sus mejores composiciones nacen al hilo de largos viajes junto a la familia que le protege y le admira hasta el final de sus días. A pocos metros, en la calle Conde del Asalto, los Güell se harán construir un palacio al que la familia siempre verá aires genoveses, puede que venecianos, en su interior... Gaudí encuentra en Güell al mecenas entusiasta, de temperamento ecuánime y magnánimo de carácter, «de palabra fácil y cordial, de cálida y acogedora sonrisa», dice la autora del libro. Gaudí es un joven de 26 años que, a juicio de Carmen Güell, «busca buenos contactos y en ese momento es ambicioso». Con el tiempo, hay franca amistad, admiración mutua. Para Gaudí, además, acometer un encargo como la Sagrada Familia supone una transformación interior que le lleva al misticismo plasmado en la obra. «Aunque no consta en documentos, es patente que Eusebio Güell era hombre de profundo sentido religioso: en sus casas siempre quiso oratorio, estaba prevista una capilla en el Parque Güell, pensó en cómo podían vivir la práctica religiosa los trabajadores de la colonia Güell y de ahí que ideara la cripta...Eso le llevó a ser un gran ciudadano». Mecenas y artista pasean juntos por un parque que quería ser la primera urbanización ajardinada del país... comparten afán estético y cierta incomprensión por parte de la burguesía que no acaba de hacerse a la idea de qué son esas formas tan raras como el dragón que abre la puerta al jardín de las Hespérides, en Pedralbes.
«Gaudí y el conde de Güell», publicado por la editorial Martínez Roca, es el primer libro que sale de la propia familia del mecenas. Fue presentado ayer en el Palacio Güell, del que Carmen Güell conserva en su casa «una silla con gatos y ratones, de Gaudí, en la que el abuelo nos tenía prohibido sentarnos». «Nunca antes había escrito nadie de mi familia sobre Gaudí salvo en pequeños párrafos de documentos o cartas. Hablar de él era algo tan familiar que nunca se pensó en analizarlo a distancia». Tampoco Carmen Güell ha tomado mucha respecto a su tatarabuelo y al arquitecto. Historiadora del arte, confiesa su admiración por ambos, lo que hace del libro una obra amable, con una mirada comprensiva y positiva, también para los detractores de un dúo de genios que jugaron a entregarle al mundo algo distinto.
Acabado el libro, la autora no duda de que «hay material para más obras». Era una propuesta de la editorial para entrar con buen pie en el 150 aniversario del nacimiento de Gaudí, que se celebrará en 2002, y ahora la investigación le ha abierto nuevos caminos. «Un personaje de la familia que me parece fascinante es el padre de Eusebio Güell, Juan Güell Ferrer, un hombre muy sacrificado y con mucha historia todavía por sacar a la luz». Puede que sólo sea el comienzo.
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