
Grupos de manifestantes exhiben carteles contra la visita de Bush durante un manifestación, ayer en Bruselas. REUTERS
BRUSELAS. El mejor símbolo de la reconciliación entre el presidente George W. Bush y los que se opusieron a la guerra de Irak era ayer la cena que mantuvo con el presidente francés Jacques Chirac. El norteamericano ha querido tener este gesto deferente precisamente dirigido a uno de los dirigentes europeos más significados por su beligerancia política, después de un periodo en el que las tensiones franco-norteamericanas se habían trasladado a la sociedad. Todo parece haber cambiado ahora, como lo demuestra que en la cena de ayer, en el primer plato, había ya un comunicado conjunto reclamando implícitamentela retirada de Siria de Libano.
Bush invitó a Chirac a cenar ayer en la embajada norteamericana en Bélgica, con lo que los restaurantes de Bruselas se han quedado sin posibilidades de albergar este simbólico momento en el que ambos presidentes sellaban su reconciliación. Chirac venía precisamente de Beirut donde había participado en el funeral por el ex primer ministro Rafic Hariri, asesinado en un atentado detrás del que se sospecha que podría estar Siria y no ha sorprendido que el primero de los temas que hayan puesto sobre la mesa sea este y que hayan decidido «urgir el cumplimiento pleno de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad en todos sus aspecto, incluyendo su requerimiento a un Líbano, soberano, independiente y democrático, así como su consolidación bajo una autoridad de un Gobierno libanés libre de dominación extranjera».
Tal como están las cosas, el mensaje dirigido a Damasco, ahora en estéreo por Francia y Estados Unidos, debería hacer reflexionar a Al Assad, sobre todo si llega a probarse que estaba detrás del asesinato de Hariri. Francia y Estados Unidos apoyan la investigación de la ONU y ambos «urgen a la completa cooperación de todas las partes para identificar al responsable de este acto».
Promoción de la democracia
Se entiende que el plazo que le dan a Siria para dejar en paz a su vecino son las elecciones parlamentarias que se celebrarán esta primavera en Líbano y que «si son libres, justas, dirigidas sin interferencias exteriores y garantizadas por observadores internacionales» se podrían convertir en otra de las señales que Estados Unidos pretende lanzar hacia Oriente Próximo con la promoción de la democracia y el liberalismo.
Es probable que antes de primavera no haya todavía avances definitivos en el conflicto israelo-palestino, pero sí es posible que hasta cambie el panorama en Líbano y que la evolución en este pequeño país se convierta en el símbolo de la reconciliación entre las dos orillas del Atlántico. Hasta es posible que Bush y Chirac se hayan zampado de segundo plato a Bashar al Assad para celebrarlo.



