QUÉ detalle han tenido los de Time con nosotros. Con la de gente importante que podían haber nombrado personaje del año, van y eligen a , o sea a usted, a mí, al otro y al de más allá: a los que navegamos por internet. Al parecer los millones de personas en el mundo que usan la red tienen algo en común. Da igual que se conecten para buscar el año de la batalla de Waterloo en la Enciclopedia Británica, masturbarse viendo una página porno, realizar una operación bursátil millonaria, hacer la compra en un supermercado virtual, o jugar a vivir otra vida en Second Life. Al parecer you existe.
Frente a los colectivos de otras épocas, la supuesta comunidad de internautas distinguida por Time presenta esta originalidad: está formada por gente que no se conoce, que carece de intereses o propiedades comunes, entre la que no hay afinidad de ideas ni de sentimientos, y que por no compartir no comparte ni enemigos, con lo que eso une. En el mundo global, internet hace las veces de plaza del pueblo. Nada más. En ella se encontraban antaño desde el titiritero hasta la vendedora ambulante de zanahorias, pasando por el vecino chismoso o el salteador de caminos. Era el sitio en el que enterarse de las mentiras y las verdades, porque allí ocurría todo: una trifulca de lindes, un bando del alcalde, una pelea de borrachos. No ha cambiado nada, sólo que en vez de pisar suelo empedrado, uno pasea sus ojos sobre un cristal líquido, pero eso no nos vuelve importantes. La verdad, me parece insuficiente para ser personaje del año, y desconfío de esa exaltación de las cualidades democráticas de internet reiterada por Time. Porque una herramienta no es democrática en sí misma. Depende de quiénes y cómo la usen. Y muchos yous no están por la labor.