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Los «Puños negros», el triunfo que se le enquistó a Estados Unidos

EMILIO V. ESCUDEROMADRID. La política y el deporte han ido siempre de la mano y los Juegos Olímpicos no son una excepción. Los problemas de China con el Tíbet son el último eslabón de una cadena que

Actualizado 21/08/2008 - 02:44:24
EMILIO V. ESCUDERO
MADRID. La política y el deporte han ido siempre de la mano y los Juegos Olímpicos no son una excepción. Los problemas de China con el Tíbet son el último eslabón de una cadena que ha empañado durante décadas al movimiento olímpico y que tuvo en Ciudad de México en 1968 uno de sus momentos más relevantes.
Después de la carrera de 200 metros, Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce respectivamente, recibieron sus medallas en el podio con el puño levantado y enfundado en un guante negro, símbolo del «Black Power», un movimiento que buscaba reivindicar los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. «Para los negros ya es poco saltar 8,90 metros, como ha hecho el fenomenal Bob Beamon en longitud. Lo que quieren saltar definitivamente es la distancia que les separa de los blancos», argumentaba la crónica de ABC al día siguiente de aquel símbolico gesto que ha pasado a la historia.
Tanto Smith como Carlos fueron expulsados de la Villa Olímpica, y junto a ellos se marcharon los tres afroamericanos que habían copado el podio de los 400 metros -Evans, James y Freeman-, así como Bob Beamon. La versión oficial del Comité Olímpico estadounidense decía que su expulsión se debía a la manifestación política exhibida en el podio, aunque lo cierto es que la decisión se tomó a un nivel más alto. «Ha sido el Departamento de Estado el que ha aconsejado la retirada de las credenciales a los dos atletas», informaba la crónica de ABC desde México. Aquellos «puños negros» no sirvieron para mejorar los derechos de los negros en Estados Unidos, pero, al menos, el mundo entero conoció de primera mano cuál era la situación de los afroamericanos en aquel país.
Lejos de convertirse en héroes, Smith y Carlos vivieron un auténtico calvario a su regreso. La sociedad americana les trató como «apestados» y tuvieron muchas dificultades para salir adelante, ya que nadie quería darles trabajo. ¿Héroes o villanos?
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