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Presente perfecto, futuro indefinido

Actualizado 21/04/2006 - 08:48:49

ASí como en España las cigüeñas anuncian la primavera, en Washington D.C. el invierno se declara oficialmente superado cuando florecen los cerezos y cuando el Fondo Monetario Internacional celebra sus Reuniones de Primavera. En términos prácticos, el «cherry blossom» se traduce en bailes escolares de estricto protocolo, con ese rigor ceremonioso que sólo se permiten las sociedades que cotidianamente prescinden de cualquier formalidad: ¡pobre chica a la que ningún muchacho se haya comprometido a ir a buscar para llevarla al baile, trajeado de esmoquin y en reluciente y kilométrica limusina! Por su parte, el FMI convoca a los ministros de Economía y banqueros centrales de los 184 países miembros del organismo internacional encargado de velar por la estabilidad financiera global para diagnosticar y, en la medida de lo posible, mejorar la situación y perspectivas de la economía mundial.

Desde luego, el glamour del baile de primavera de los colegios es incomparablemente superior al de la reunión de ministros; pero, como suele ocurrir, la emoción no resulta proporcional a la importancia. La dirección del FMI establece la agenda de las Reuniones de Primavera en su informe semestral sobre la economía mundial, que este año se hizo público anteayer miércoles y que empezará a ser discutido hoy mismo, ya en la reunión formal y a puerta cerrada de las autoridades económicas y financieras de cada país.

El informe de este semestre no presenta problemas en la medida que constata una saludable situación económica presente; pero es menos optimista en sus perspectivas de futuro. En palabras de Raghuram Rajan, economista jefe del FMI, y por tanto responsable directo del informe: «Lo pertinente sería decir al mundo: económicamente nunca has estado tan bien como ahora». En efecto, por cuarto año consecutivo la economía mundial presenta para el corriente 2006 un crecimiento de casi el 5 por ciento; evolución satisfactoria en sí misma y porque, además, se reparte adecuadamente en todo el globo. Ciertamente, Asia crece a ritmo espectacular, pero también crecen Estados Unidos y Europa. Sólo tres países pequeños y marginales no presentan cifras positivas: Zimbawe, Seychelles y Guinea Ecuatorial. En una hipotética cena de gala, Rodrigo Rato, el español que como director general ocupa el puesto de mayor responsabilidad en el FMI, podría levantar su copa brindando por la buena salud de la economía mundial.

Sin embargo, un pasado y un presente perfectos sólo parecen antesala de un futuro indefinido, pues el horizonte presenta dos oscuros nubarrones: el precio del petróleo y los desequilibrios comerciales. En efecto, la cotización del barril de crudo ha borrado las sonrisas de los señores ministros: si el petróleo continuara mucho tiempo por encima de los 70 dólares/barril, la economía del mundo, de todo el mundo salvo los países productores de petróleo, ralentizaría su crecimiento. Como todos los grandes problemas económicos, a día de hoy este del precio del petróleo tiene un fundamento psicológico: con los números en la mano, producción y demanda mundial guardan una relación correcta, que no justifica la astronómica subida. Pero ese es justamente el problema: los operadores de ese mercado piensan en la confrontación de Irán con los países occidentales, piensan en la revuelta de Nigeria, piensan en la demagogia de Chávez y piensan que, de un momento a otro, Arabia Saudí también se verá obligada a reducir su producción petrolífera por problemas político-religiosos. Hay petróleo en el mercado, pero se teme que puede dejar de haberlo y esa incertidumbre alimenta la subida. Por si fuera poco, la coyuntura del petróleo todavía tiene que asimilar la presencia de dos gigantes recién llegados al consumo masivo: China e India.

El segundo nubarrón que el FMI avizora en el futuro económico se refiere al desequilibrio comercial. China, y con ella las demás economías asiáticas y las de los países productores de petróleo, están creciendo mucho gracias a lo que venden a los Estados Unidos: coches, componentes electrónicos e informáticos, textil, software... El apetito de los consumidores norteamericanos lleva a que Estados Unidos tenga un déficit exterior superior al 6 por ciento del PIB, cifra insostenible por mucho tiempo. Ciertamente, podría corregirse si el dólar bajara su cotización respecto del yuan chino, movimiento al que hasta ahora se han negado las autoridades del gigante asiático, de forma que si baja el dólar a continuación lo hace el yuan.

En definitiva, situación despejada y horizonte problemático. A lo largo de este fin de semana, los ministros participantes en las Reuniones de Primavera del FMI deberían dar respuesta a esas dos grandes cuestiones: precio del petróleo y equilibrio comercial. En la medida que la cotización del crudo no responde tanto a factores técnicos, de equilibrio entre oferta y demanda, como políticos y psicológicos, lo único que cabe es rezar. Tampoco es seguro que cuando pasado mañana domingo por la tarde -madrugada del lunes en Europa- los directores del FMI y del Banco Mundial, Rato y Wolfowitz, respectivamente, presenten en rueda de prensa los resultados de las reuniones, puedan hablar de acuerdos, siquiera fueran generales, sobre los tipos de cambio del dólar.

A esos dos nubarrones del horizonte, se añade una incertidumbre de carácter más general, pero no por ello menos cierta: los ciclos. Una de las pocas seguridades que, en su estado actual, puede ofrecer la ciencia económica es la indefectible secuencia de los ciclos. A unos años buenos siempre, siempre, siguen otros malos y viceversa. No se sabe cómo ni por qué se produce el cambio de ciclo, ni cuánta es la duración de cada una de las fases. La única seguridad estriba en su secuencia. Ahora, después de cuatro años expansivos, de crecimiento, ¿estamos en vísperas del cambio de ciclo? Es posible y aun probable, pero nada es seguro.

Casi como «post scriptum» cabe añadir que, en la anterior descripción del escenario en el que se desarrollaran los debates del FMI, el papel de la Unión Europea parece muy secundario. En el tinglado económico mundial, el Viejo Continente cada vez cuenta menos: no tiene petróleo -salvo Rusia- en cantidades significativas y su participación relativa en el comercio mundial disminuye progresivamente. El euro es, junto con el dólar, la única moneda de cotización libre; ello ha supuesto que se revalorice mucho respecto del billete verde y, por tanto, los productos europeos pierdan competitividad en el mercado norteamericano. Petróleo caro y exportación difícil: realmente, el futuro económico de Europa se presenta complicado.



Periodista
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