
ABC Una imagen de «Solaris», filme de Tarkovski estrenado en 1972
POR ANTONIO WEINRICHTER
Desde que se lo llevó un cáncer de pulmón en París hace 21 años, el duelo por la figura del cineasta ruso Andrei Tarkovski no cesa. No sólo se le añora y se le llora por los siete magníficos largometrajes que dejó tras de sí, sino por lo que representan: un insobornable compromiso con el arte, con la espiritualidad del arte cinematográfico. Ahora coinciden en el tiempo (el tiempo de la noticia, mucho menos poético y elástico que el tiempo tarkovskiano) dos proyectos que honran su memoria y tratan de hacer presente su legado. Uno es el número monográfico de una revista insular, como lo era el propio cineasta, la canaria «La Página», que han coordinado Gregorio Martín y Joaquín Ayala. Ellos y otros, como Luis Miranda y Josep Vilageliu, se enfrentan al reto que presenta la obra de Tarkovski. Por entresacar uno, mencionemos el estupendo texto de Pilar Carrera sobre la opacidad de sus símbolos: «La lluvia en Tarkovski, como en Kurosawa, no apela al sentimiento: no ilustra como metáfora ningún estado de ánimo. Cuando llueve a raudales la imagen clama al cielo. No simboliza nada. La lluvia nunca cae sobre nosotros, los espectadores. Es soberana».
Las explicaciones que se dan en «La Zona de Tarkovski», que conoce una exhibición limitada en una céntrica sala madrileña, son de tipo más pedestre, menos adecuado al texto-Tarkovski, pero no carecen de utilidad. El director Salomón Shang incluye entrevistas con algunos colaboradores del cineasta en «Solaris» (de ella se trata aquí, no de «Stalker», como podría parecer por la alusión a la mítica Zona) que no rebasan el nivel de un «making of» de lujo, si bien en ocasiones arrojan luz sobre la personalidad y el mundo artístico del cineasta: tal cosa ocurre, por ejemplo, con las declaraciones de Natalia Bondarchuk, la protagonista de la cinta de 1972, quien dice que sólo él hacía películas sobre la eternidad y el infinito. El proyecto de Shang es más ambicioso e intercala otros materiales: una vieja filmación de Tarkovski en Italia, en donde se explaya sobre sus cineastas favoritos; imágenes de «Solaris»; música de los Doors etc.; el mix, un tanto gratuito y confuso, no acaba de adquirir rango ensayístico, pero el aficionado lo agradecerá igualmente. Y puede que busque otros films-homenaje como el reciente «Revisiting «Solaris»», que sitúa a Donatas Banionis, el héroe del film original, en el mismo papel, añadiendo el capítulo de la obra de Stanislaw Lem que omitió Tarkovski. O como los ya clásicos «Elegía de Moscú», de Sokurov, o «Une journée d´Andrei Arsenevitch», de Chris Marker, quien, junto a la visita en su lecho de muerte, ofrecía un impecable y poético estudio visual del corpus del cineasta.



