
MARTA MOREIRA
VALENCIA. La progresiva asimilación del legado cultural, técnico y religioso europeo por la población indígena tras la conquista de Perú en la primera mitad del siglo XVI es el objeto de una exposición que desde ayer y hasta el 13 de abril puede visitarse en el Centro del Carmen de Valencia. La muestra abarca un periodo cronológico de 2.000 años, aunque hace especial hincapié en el intenso intercambio cultural operado a partir de la llegada de Francisco Pizarro al Imperio Inca, hace ya casi cinco siglos.
Diversas instituciones españolas y peruanas -como el Museo de las Artes y Tradiciones Populares y el Instituto Riva Agüero-, así como dos importantes coleccionistas privados han colaborado con esta muestra mediante el préstamo de 144 piezas de orfebrería, pinturas, vajilla, textiles, estampas y esculturas.
En la selección de estas obras, realizada por los comisarios Félix Jiménez y Araceli Sánchez, se ha privilegiado la singularidad etnográfica sobre las virtudes estéticas de cada objeto. Así, se nos revela cómo la población indígena incorporó a su acervo iconográfico símbolos procedentes de los países mediterráneos, como el león (símbolo de poder), o las corridas de toros. Otras aportaciones importantes fueron las armas de fuego, la técnica del vidriado y los telares.
La exposición dedica un apartado especial a los objetos suntuarios, que en muchos casos adoptaron un significado distinto en los territorios andinos. El sincretismo entre el paganismo de los incas y la concepción cristiana del mundo en Europa dio lugar a curiosos híbridos, de los que la exposición da cuenta. Un ejemplo de ellos es «La virgen de la espera» de 1975, una de las pocas vírgenes embarazadas que existen, dotada de un estilizado y largo cuello que se asemeja al de una llama.



