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Un bebé de 21 semanas de gestación y 280 gramos sobrevive sin secuelas en EE.UU.

Cuando Amilia Taylor nació el pasado 24 de octubre en Miami pocos apostaban por su vida. Tendida en una cuna apenas abultaba más que un bolígrafo. Medía 24 centímetros y pesaba tan sólo 280 gramos

Actualizado 21/02/2007 - 07:15:22
Cuando Amilia Taylor nació el pasado 24 de octubre en Miami pocos apostaban por su vida. Tendida en una cuna apenas abultaba más que un bolígrafo. Medía 24 centímetros y pesaba tan sólo 280 gramos. Aunque lo peor no era su peso, sino su inmadurez. La pequeña había permanecido en el útero de su madre poco más de cinco meses, cuando el cerebro y los pulmones aún no han tenido tiempo para completar su desarrollo.
Pero Amilia se empeñó en burlar las estadísticas, las que dicen que el límite entre el milagro y lo científicamente posible se sitúa en las 24 semanas de gestación. Por debajo de ese tiempo de maduración, la mortalidad de los prematuros roza casi el cien por cien y, en el improbable caso de sobrevivir, las secuelas son tan previsibles como preocupantes. Desde lesiones cerebrales a problemas en el desarrollo psicológico y motor de los niños.
La pequeña estadounidense se convirtió al final en un «bebé milagro». No sólo sobrevivió sino que está a punto de recibir el alta sin secuelas visibles, tras permanecer cuatro meses en la unidad de cuidados intensivos del Baptist Children´s Hospital de Miami. Amilia nació a las 21 semanas y seis días de gestación; hasta la fecha ningún niño nacido antes de las 23 semanas de embarazo había conseguido sobrevivir. Hoy es el bebé prematuro con menos edad de gestación del mundo y el cuarto que sobrevive con un peso tan liviano. Con ese peso y esa edad de gestación, es legal la interrupción del embarazo. Sólo en España, entre 1996 y 2005, el número de abortos de bebés con más de 21 semanas se ha triplicado.
«Es realmente un bebé milagro», decía ayer William Smaling, el neonatólogo que la cuidó durante su presentación a la prensa. «Cada día que pasábamos con ella era como navegar en aguas desconocidas. Ni siquiera sabíamos cuál era la presión sanguínea normal para un bebé tan pequeño», confesó.
Problemas respiratorios
Amilia era una niña muy deseada. Concebida por fecundación «in vitro», la gestación marchaba sin problemas hasta que la pequeña empezó a tener prisa por nacer. Los médicos intentaron, sin éxito, detener el parto y el 24 de octubre nacía por cesárea en Miami.
Vino al mundo con ganas de vivir. Al nacer respiraba sin ayuda e incluso intentó llorar en varias ocasiones. Después se sucedieron las complicaciones. Superó problemas respiratorios y digestivos, así como una moderada hemorragia cerebral. Pero hoy su pronóstico es «muy bueno». «La niña está sana y llena de vida», según sus médicos. Tanto que puede que mañana reciba el alta, tras alcanzar los 1.800 gramos, la mitad de lo que suele pesar un bebé nacido a término. «Para mí es una niña gordita», decía Sonja, su madre. Pese a su pronóstico, continúa bastante delicada. Su peso aún es muy bajo y necesita una estrecha vigilancia, la ayuda de oxígeno y tratamientos para el asma.
«Falsas esperanzas»
Su médico, el neonatólogo William Smalling, cree que el caso de Amilia debería cuestionar los límites actuales de viabilidad. «La tecnología con la que podemos hoy tratar a estos niños ha mejorado y hoy podemos salvar a bebés que no hubiesen sobrevivido hace diez años».
Menos optimista es Jesús Pérez Rodríguez, jefe de la Sección de Cuidados Neonatales del Hospital La Paz, una de las unidades de referencia en el cuidado de grandes prematuros. «El caso de esta niña es excepcional, por el peso, y sobre todo por su edad gestacional. No debemos generar falsas expectativas en los padres. No todos los niños logran salir adelante y en buenas condiciones.Por debajo de las 25 semanas de gestación, cada semana de menos supone un reto y un obstáculo difícil de superar».
Las primeras complicaciones surgen por el frágil estado del cerebro y los pulmones. Los pulmones no son capaces de llevar suficiente oxígeno a los tejidos y existe un riesgo muy elevado de sufrir hemorragias. Tampoco han tenido tiempo de conseguir la suficiente inmunidad y se defienden muy mal de las infecciones.
Dos avances médicos han contribuido en estos últimos diez años a aumentar la supervivencia: un fármaco que combate una grave enfermedad respiratoria en el recién nacido, y los corticoides prenatales, capaces de acelerar la maduración general del niño. Incluso se ha empezado a utilizar «Viagra», el fármaco contra la impotencia. «También hemos aprendido a cuidar mejor a los bebés, utilizando técnicas menos agresivas. Observamos más antes que actuar», asegura Pérez Rodríguez.
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