
Un filólogo nato, el español de origen catalán Jordi Ferré, no se equivocó cuando dejó las clases de ingeniería de la Universidad Politécnica de Cataluña para andar por el mundo conociendo idiomas y culturas. Tras un periplo por Pensylvania, Seattle, Londres y Hamamatsu (Japón), decidió establecerse hace seis años en São Paulo, donde ha creado la primera escuela de «idiomas no comerciales», como la describe, donde predomina la enseñanza de lenguas andinas y amazónicas.
En su «Sala Sequoia» (www.salasequoia.net), un centro de estudios de «otros idiomas», se dan clases de guaraní, quechua, aymara, creole, yoruba, japonés y catalán. La próxima lengua será el xavante. Lo curioso es que en el país donde se hablan unas 180 lenguas indígenas, su escuela sea la primera que enseña a hablarlas. Las universidades dan clases de algunas de ellas, pero apenas para apoyar investigaciones.
El proyecto dio sus primeros pasos en abril, cuando Jordi Ferré, que habla con fluidez siete idiomas (español, catalán, inglés, francés, italiano, japonés y portugués), comenzó a estudiar y escribir los cursos de guaraní, quechua y aymara, y salió a buscar profesores, una tarea difícil puesto que, después de encontrarlos, tuvo que entrenarlos. Ferré dio con sus «emisores culturales» en lugares que frecuenta en São Paulo, como el Educafro, que prepara a jóvenes afro-descendientes para entrar en la universidad; el Comité de Ayuda a Haití; la aldea de indios Guaraní y la Plaza Cantuta, que reúne a inmigrantes andinos.
Para Daniela Silvestre, estudiante de Historia de Perú y Bolivia de la Universidad de São Paulo, la escuela hacía mucha falta. Daniela estudia aymara con el profesor Armando Colquehuanca, un sastre peruano que vive desde hace tres años en Brasil y que con Jordi Ferré descubrió una nueva vocación.
«Hablar un día con un profesor de aymara te muestra una visión más enriquecedora de la vida», cuenta este español, que busca enseñar no sólo idiomas sino culturas poco relevantes en Occidente. «Hemos llegado a un desarrollo científico y tecnológico en detrimento del humano. Quizá es el momento de ver quiénes éramos y estas culturas nos ofrecen esta posibilidad», dice.
Jordi Ferré, que no tiene ningún apoyo oficial y trabaja de modo voluntario, considera que es posible aprender con estos pueblos tradiciones espirituales y valores de respeto a los demás y a la naturaleza. Tal vez por eso decidió llamar a su escuela Sequoia, en recuerdo a un mestizo inglés-cherokee que creó el primer silabario de su lengua. Gracias a Sequoia, los cherokee preservan su identidad y fuerza política en Estados Unidos.
VERÓNICA GOYZUETA
MARIE HIPPENMEYER
Jordi Ferré da clases de aymara a una de las alumnas de la escuela de idiomas indígenas que ha creado en Brasil



