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Los avances más importantes de 2002

El descubrimiento de las pequeñas moléculas de ácido ribonucleico (RNA), responsables del control de una gran parte del comportamiento genético, ha sido elegido por la revista «Science» el avance científico más importante del año que ahora termina. Su mejor comprensión impulsará las investigaciones sobre la patología molecular del cáncer y las células madre

Actualizado 20/12/2002 - 08:36:54
El desciframiento del genoma del «Anopheles gambiae», que transmite la malaria, ha sido otro de los hallazgos de relieve. EPA
El desciframiento del genoma del «Anopheles gambiae», que transmite la malaria, ha sido otro de los hallazgos de relieve. EPA
MADRID. A la cabeza de los diez hallazgos de mayor relieve, que han sido elegidos por los editores de «Science» en base a las profundas implicaciones que representan para la sociedad y la importancia del descubrimiento científico, figuran las pequeñas moléculas que son responsables del control de una gran parte del comportamiento genético. Durante años, los investigadores pensaban que el papel que desarrollaba el ácido ribonucleico (RNA) en el organismo no era otro que transmitir las órdenes del ácido desoxirribonucleico (DNA) para sintetizar las proteínas. Las nuevas aportaciones científicas de este año desvelan que las moléculas de ácido ribonucleico están implicadas en complejos mecanismos genéticos celulares.
El ácido ribonucleico realiza una serie de funciones en la célula, como transportar la información necesaria para el establecimiento de una secuencia correcta de aminoácidos por parte de la maquinaria de síntesis protéica. Así, en algunos virus el RNA es el material genético y, en ciertos casos como los retrovirus, se retrotranscribe a ácido desoxirribonucleico mediante el proceso de transcripción inversa, integrándose en el genoma del huésped.
«Interruptores» genéticos
Algunas multinacionales farmacéuticas han desarrollado líneas de investigación en este campo de la genómica, con el objetivo de conseguir un sistema capaz de inhibir la actividad de todos los genes de forma individual. Esta tecnología permitirá la identificación de los genes responsables de funciones celulares básicas o asociadas con enfermedades, interrogando todo el genoma a la vez. Un considerable número de estudios realizados a lo largo de este año detallan cómo las pequeñas moléculas de RNA pueden activar y desactivar determinados genes, y también son capaces de recortar aquellas secciones no deseadas de ácido desoxirribonucleico (DNA).
Uno de los descubrimientos más sorprendentes en este campo es el papel que juegan las pequeñas moléculas de RNA durante la división celular, guiando a los componentes de los cromosomas para que adopte la configuración correcta. Los hallazgos conseguidos a lo largo de este año han contribuido a suponer que estos procesos, que incluyen un tipo de mecanismo celular conocido con el nombre de «interferencia de RNA» se malogra en determinadas enfermedades, originando una serie de mutaciones que, por ejemplo, pueden ser el origen del cáncer. Este mecanismo celular fue desvelado a principios de la década de los noventa, pero hasta 1998 no se descubrió que el RNA tenía la posibilidad de «apagar» los genes defectuosos en el organismo. Andrew Fire, investigador del prestigioso Instituto estadounidense Carnegie, protagonizó los estudios que explicaban cómo se pueden silenciar los genes de una forma selectiva.
En el transcurso de los tres años siguientes diversos grupos de científicos consiguieron nuevos resultados con este catalizador de reacciones químicas en organismos menores, como la mosca «Drosophila melanogaster», el nematodo «Caenorhabditis elegans» y en diversos tipos de plantas superiores. Cuando se comprenda mejor el papel que desempeñan las pequeñas moléculas de RNA, los científicos tendrán la posibilidad de desarrollar nuevos tratamientos terapéuticos anticancerígenos. También pueden ayudar en la investigación de células madre, ofreciendo a los expertos una herramienta útil para la manipulación de las células totipotentes que se diferencian para originar distintas líneas celulares en el organismo.
En la lista de los diez avances científicos más importantes conseguidos en 2002 también figuran los procedimientos utilizados para para «cazar» las partículas subatómicas denominadas neutrinos, el desciframiento de los genomas del arroz y del parásito que origina la malaria, junto con los hallazgos sobre la estructura del fondo de microondas cósmico; la explicación de cómo se perciben los sabores picante y mentolado; el perfeccionamiento de los telescopios; el hallazgo de restos de un homínido desconocido hasta ahora, que está considerado como el último ancestro común entre los chimpancés y los humanos, y los esfuerzos para combatir el bioterrismo.
A la caza de neutrinos
Las investigaciones llevadas a cabo durante este año han conseguido desvelar un misterio sobre las partículas menos entendidas del Universo: los neutrinos. Formados en los procesos de fusión en el Sol y otras estrellas cuando el hidrógeno se transforma en helio, los neutrinos apenas interactúan con el resto de la materia y su detección es muy difícil. Los investigadores subrayan que, cada segundo, miles de millones de neutrinos atraviesan nuestro cuerpo sin que nos demos cuenta. Los neutrinos proceden de diversas fuentes. Los de mayor energía están asociados a los rayos cósmicos procedentes de fuera del sistema solar. Por el contrario, los neutrinos solares tienen energías un poco menores.
Estas partículas subatómicas son de tres tipos -electrón, muón y tau- y también el denominado neutrino estéril, podría intervenir en el proceso. Durante decenas de años los investigadores han tratado de entender por qué el número de electrón neutrinos que llega a la Tierra es mucho más pequeño que lo esperado. Este año, nuevas evidencias obtenidas con ayuda de la instalación canadiense Sudbury Neutrino Observatory han confirmado que los electrón neutrinos se transforman en otra clase de estas partículas subatómicas en su camino hacia nuestro planeta.
Genoma para un mundo mejor
El año 2002 también ha marcado un hito en el mundo científico con el desciframiento de las primeras versiones de secuencias genómicas de organismos de especial importancia para la agricultura y la salud pública de los países subdesarrollados. Las secuencias de las subespecies de arroz «Indica» y «Japonica» permitirán el desarrollo de métodos de cultivo más viables para mejorar la calidad nutricional de estas naciones. La publicación simultánea del genoma del parásito del paludismo, el «Plasmodium falciparum» y del mosquito que transmite la enfermedad, «Anopheles gambiae», ha sido otro de los hallazgos de relieve de este año, que abren el camino a la consecución de herramientas útiles para combatir esta plaga.
Origen del Universo
Los procesos que se originan justo después de la gran explosión («Big Bang») han permitido a los investigadores arrojar luz sobre el pasado y el presente del Universo. Este año el telescopio de microondas Cosmic Background Imager, situado en el desierto chileno de Atacama, ha conseguido detectar una configuración de la estructura del fondo cósmico de microondas, una radiación emitida unos cuatrocientos mil años después de la gran explosión que originó el Universo. Las nuevas medidas aportan información sobre la geometría del Universo a gran escala, el contenido y las formas de materia y energía cósmicas, y sobre los procesos que han dado lugar a la formación de las galaxias y otras estructuras a gran escala en el Universo. Con ayuda de este telescopio se ha detectado una señal que podría aportar datos sobre el desplazamiento de la materia en los primeros días del Universo.
Sabor de los alimentos
En esta lista de los mayores avances científicos de 2002 figuran también los hallazgos protagonizados por varios grupos de científicos, que permiten explicar por qué al ingerir alimentos con especias notamos una sensación de calor mientras que la menta es refrescante. Los investigadores han identificado numerosas proteínas, situadas en las superficies de determinadas células, que responden a los «sabores» químicos y a los cambios de temperatura. El hallazgo de un canal iónico en células de la piel induce a pensar que el calor es detectado en primer lugar por la piel, que alerta al sistema nervioso.
Por otra parte, una nueva clase de células fotosensibles en la retina de los mamíferos ha desconcertado a los especialistas
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