JAZZ
B. HENDRICKS
Obras de D. Ellington, G. Gershwin, B. Holiday, A. Herzog y otros_M. Lindaren, saxo_A. Algotsson, piano_F. Jonson, Contrabajo_J. Holgersson_percusión_Lugar: G. T. del Liceu. Fecha: 18/XI
PABLO MELÉNDEZ-HADDAD
Como indicaba Joan Anton Cararach, director artístico del Festival de Jazz de Barcelona, la soprano Barbara Hendricks debutaba en el Liceu no con una ópera de Mozart o con un recital de «Lieder», sino de la mano de Billie Holiday y de sus «blues», un programa que abarrotó el Gran Teatre de público heterogéneo y que convirtió la sala en un auditorio ideal para este espectáculo. Cuando a priori podría haber parecido que la amplitud del coliseo no sería la ideal para la intimidad que exige este repertorio, el espectáculo funcionó sin problema y a lo grande: bastó un atractivo despliegue de iluminación y una amplificación potente -pero muy natural- para que el «swing» llegara al público.
Barbara Hendricks demostró una íntima complicidad con el repertorio sin dejar de lado en ningún momento sus raíces operísticas, ya que, gracias a unos arreglos impecables y hechos a su medida, su tesitura congenió de manera ideal con temas emblemáticos de Billie como «Strange fruit» o «God bless the child», explorando agudos con total seguridad, combinando la voz de cabeza con la de pecho con un color muy equilibrado y dándose el gusto de impresionar a la audiencia con tres o cuatro pruebas de que su control de «fiato» continúa en óptimo estado. La cantante, además, realizó el milagro de dotar a los textos con una diáfana dicción, lo que permitió llegar a la intimidad de estas canciones tristes que ella elevó a un lugar de excepción. Sus versiones convencen, ya que el intento ha sido muy bien parido. Y el directo también funciona, ya que la cantante no sólo se limitó a recrear temas de Billie, sino, además, se abrió a un puñado de canciones de Duke Ellington y, por si fuera poco, se acercó con tino al siempre incombustible «Porgy and Bess», de Gershwin, como apoteosis final. El cuarteto de virtuosos que la acompañó, con Magnus Lindgren en el saxo, el clarinete y la flauta como principal valedor, redondeó un trabajo de primera.



