
Las máquinas entraron ayer en el colegio Pintor Rosales, en Príncipe de Vergara, para comenzar su demolición
POR TATIANA G. RIVAS
FOTO ERNESTO AGUDO
MADRID. «Llevábamos esperando quince años a que se reformase el colegio», comentaba Javier, ex jefe de estudios del colegio público Pintor Rosales de distrito de Chamartín. Tras un largo proceso de espera y algún que otro parcheo por parte de la administración, ayer comenzó el derribo. A las 10.20 de la mañana, la consejera de Educación, Lucía Figar, junto a una apenada directora del centro, María José Pérez, pulsaron el botón con el que se dio comienzo a la demolición de la escuela prefabricada. Mientras, sus 288 alumnos de infantil y primaria continuaron con la normalidad de sus clases en el colegio Conde Santa Marta de Babío -un colegio vacío que la Comunidad dispone para estas situaciones-, en San Blas y a 25 minutos en ruta del que era su centro habitual.
Más tarde que temprano, la reforma llegaría. El Pintor Rosales fue creado en 1974 «con carácter provisional», según alguno de sus profesores, y no se ajustaba a la normativa en materia de eliminación de barreras arquitectónicas y protección contra incendios.
La segunda semana de octubre, los niños del Pintor Rosales fueron trasladados con el consenso alcanzado meses antes entre Gobierno regional, escuela y padres. Según narraron representantes del Ampa, «no ha supuesto problemas en la rutina de los niños».
Asisten en el mismo horario -de 9 a 16- y el gasto de autobús es costeado por la Comunidad. La consejera espera que la escuela esté operativa en el nuevo curso. «Tendrá dotaciones modernas y mayor capacidad -de 300 plazas a 450- . Se ajustará a lo que queremos que sean los colegios del siglo XXI en la región», concluyó Figar.



