
EFE Javier Solana y Evo Morales, jefe de la diplomacia de la UE y presidente boliviano, en la Asamblea General de la ONU
Se esperaba un discurso agresivo y desafiante, plagado de amenazas, como aquél de hace tres años que abrió el camino de la invasión a Irak, sólo que esta vez destinado a imponer sanciones contra Irán. Sin embargo, el presidente George W. Bush sorprendió a propios y extraños con el tono pacificador que utilizó para tender la mano a los pueblos musulmanes, y hasta dio una oportunidad más a Irán para resolver el conflicto nuclear por la vía del diálogo.
«Mi país desea la paz», entonó. «Los extremistas entre vosotros difunden propaganda en la que se clama que Occidente se ha lanzado a una guerra contra el islam. Esta propaganda es falsa, y su propósito es confundiros y justificar los actos de terror».
El presidente estadounidense utilizó así el foro de la 61 Asamblea General de Naciones Unidas, que inauguró ayer, para llegar a los pueblos donde el Pentágono se esfuerza en comprar periodistas e instalar medios de comunicación. Por eso, lo que empezó como uno más de los discursos pre-aniversario del 11-S, con los que ha logrado remontar su popularidad, se tornó rápidamente en un diálogo directo. Primero, al mundo musulmán en general; luego, al pueblo de Irak, al que renovó su promesa de no abandonarle; después, al de Afganistán, donde prometió «derrotar a los extremistas que quieren destruir vuestra joven democracia»; seguido del Líbano, del que dijo «volverá a ser modelo de democracia, pluralismo y apertura».
Más tarde, al de Irán, al que advirtió de que «pese a lo que os diga vuestro gobierno, el mundo no tiene ninguna objeción en que Irán desarrolle un programa nuclear que de verdad sea pacífico. Estamos trabajando hacia una solución diplomática para esta crisis». A los sirios dijo que su gobierno «puede crear un futuro más esperanzador si deja de apoyar el terrorismo, vive en paz con sus vecinos y abre el camino a una mejor forma de vida». La retahíla terminó con la región de Darfur, donde instó a la ONU a «actuar» si el Gobierno sudanés no autoriza rápidamente el despliegue de cascos azules.
Rice, enviada a Israel y Palestina
No podían faltar Israel y Palestina, de cuyos jefes de Estado alabó su compromiso pacifista, e instó a Hamás a abandonar el terrorismo y trabajar por la paz. La contribución de Bush a este objetivo es la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a quien dijo haber dado órdenes para que abra un diálogo con los líderes moderados de la zona, ayude a reformar los servicios de seguridad palestinos y a resolver las diferencias entre ambos países. Rice también tiene la misión de poner fin a la crisis con Irán. Según la cadena CNN, las negociaciones secretas que sostiene van por buen camino y se podrán ver resultados en cuestión de dos semanas.
Todos los oradores de ayer dejaron claro que el conflicto palestino es la llama de la violencia en Oriente Próximo. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, que se despedía ayer de la Asamblea General al terminar su mandato en diciembre, advirtió que «mientras los palestinos vivan bajo la ocupación, expuestos a las frustraciones y humillaciones diarias, y mientras se vuelen autobuses israelíes o discotecas, las pasiones seguirán inflamadas en todas partes».
Annan también reprochó tácitamente a EE.UU. porque «en la legítima y necesaria lucha alrededor del mundo contra el terrorismo, (éste) se ha utilizado como pretexto para privar o revocar derechos humanos fundamentales, cediéndose así terreno moral a los terroristas y ayudándoles a encontrar nuevos reclutas». Pese a estas palabras y otras que, en los últimos años, le han enfrentado a EE.UU., Bush alzó su copa para brindar por «Kofi Annan, un buen hombre y un buen amigo», al que definió como «decente y honesto», que «se preocupa profundamente por el mundo» y «está dispuesto a alzarse para servir la causa de la justicia».



