SERGI DORIA
BARCELONA. Un pintor, Brandes, medita ante un cuadro de Lucas Cranach que Hofer, el asesor del mariscal Goering pretende requisar. Si cede al chantaje, Brandes recobrará sus obras, catalogadas como «arte degenerado». En el París colaboracionista, la negativa al ocupante nazi significa la muerte. «Tú decides», le espeta Hofer. Brandes relee un libro de su admirado Braque. Y es que el Brandes de Eduard Márquez es el trasunto literario del pintor. Un aforismo del maestro «fauve» guiará su decisión: «Sólo nos queda lo que no nos arrebatan, y es lo mejor de nosotros mismos».
En 2003 Eduard Márquez se topó con un artículo sobre el expolio artístico perpetrado por los nazis. «A Braque le propusieron un trueque: si les daba un Cranach le devolvían sus obras... Desconozco qué ocurrió y ese desenlance lo traslado al terreno de la ficción».
Identificación creativa
Con Braque, el escritor barcelonés comparte una filosofía del proceso creativo: «Tener vocación, pulir el oficio, no precipitarse en terminar la obra, permanecer al margen de las modas y la comercialidad coyuntural, conformar una obra orgánica: en mi caso, poesía, libro infantil, relato y novela». Desde hace una década, Márquez ha aplicado su discurso del método a «Cinco noches de febrero», «El silencio de los árboles» y «La decisión de Brandes»: concentración expresiva, prosa austera, un lenguaje pulcro que atesore la densidad lírica.
Escribir «La decisión de Brandes» le ha llevado tres años largos; un tiempo en el que ha ido cincelando una novela de 172 páginas. «Estoy de acuerdo con lo que dijo Auster en una entrevista: el escritor debe tender a la transparencia, derribar barreras entre la emoción y el lector, para que éste lea con la mente y sienta con el cuerpo».
Los personajes de Márquez se presentan desnudos, entre la memoria y el destino: son los héroes anónimos que padecen la Historia. En «El silencio de los árboles» con la tragedia de la ex Yugoslavia como sombrío telón de fondo; en «La decisión de Brandes», la resistencia de un artista en la antesala de la muerte que se ha quedado solo y afronta la barbarie,
Al final, Brandes-Braque tomó su decisión, pero eso lo sabrán quienes lean la novela.


