«No acumula dinero, sólo actúa cuando ya no le queda. Y en este caso las cuentas están claras. En nueve meses -desde mayo de 2006 hasta febrero de este año- perpetró tres golpes en Madrid y uno en Ávila, y logró un botín aproximado de 30.000 euros. Sólo le ha servido para aguantar tres meses, hasta el viernes pasado. Por tanto, si en el banco de Toro (Zamora) consiguió 6.000 euros, todo indica que volverá a actuar en aproximadamente un mes», dicen fuentes de la investigación.
Así sucedió el año pasado, cuando el 20 de abril asaltó una sucursal de Sarria (Lugo), donde sólo logró 800 euros. En la primera semana de mayo de ese mismo año volvió a actuar, esta vez en una oficina bancaria de La Moraleja (Madrid), donde se apoderó de 12.000 euros. Su siguiente aparición fue a mediados de diciembre en San Agustín de Guadalix -se llevó 10.500 euros- y lo volvió a hacer apenas quince días después en Ávila. Pasado ese mismo tiempo, de nuevo atracó otro banco en Madrid.
El caso del «atracador solitario» , que actúa al menos desde 1998, se ha convertido en prioritario para la Guardia Civil y mucho más después de que este individuo matara a dos de sus compañeros el 9 de junio de 2004 en Castejón (Navarra) -en algún momento se le atribuyó la muerte de un policía local, si bien posteriormente se demostró que pereció por el disparo de un compañero en la refriega con el delincuente-. Se trata de un tipo frío, con un excelente manejo de las armas -suele llevar revólver o subfusil y utilizar munición del 45- y se cree que tiene formación militar o de algún Cuerpo de Seguridad.
Castellano sin acento
En algún momento se creyó que podría proceder de un país del Este, pero a día de hoy, dado que habla un perfecto castellano sin acento, existe el convencimiento de que se trata de un español. Además, es delgado, aunque el hecho de que actúe con un chaleco antibalas de porcelana cubierto por una gabardina hace que aparente ser más grueso. Se cree además que es calvo -usa peluca y bigote y barba postizas-, mide entre 1,70 y 1,80 metros de altura y planifica cada golpe al milímetro. Tiene los ojos claros, hundidos, y una nariz prominente. Se toma su actividad delictiva como un trabajo, y quiere ser el mejor.
Se han hecho algunos retratos robot -una mujer le vio ya sin peluca ni barba postiza tras el atraco de Sarria-, pero hay dudas de su fiabilidad. No se ha encontrado ni una huella suya -hay una genética, pero no se ha podido atribuir a nadie-, ya que se piensa que se cubre las yemas de los dedos con celofán. Y no es ambicioso: prefiere una huida segura al mejor de los botines.
En cuanto a sus hábitos, le gusta actuar los jueves y los viernes, sólo unos minutos antes del cierre de las oficinas, a las dos de la tarde. Previamente ha estudiado las medidas de seguridad y las vías de escape. No duda en disparar si se siente en peligro, aunque a los empleados que ha herido no les quiso matar, sino que simplemente les tiroteó como una muestra de su enfado por haber obtenido poco dinero. También para facilitar su huida.
«No le vamos a detener en un poblado chabolista, eso seguro», dicen los investigadores, que creen que es un aficionado a la buena vida pero cuyo comportamiento no levanta sospechas en su entorno. «Ese es uno de sus éxitos», dicen los agentes que siguen sus pasos.
El que haya utilizado un Suzuki Vitara en varias ocasiones -a bordo de ese coche disparó mortalmente contra los guardias civiles en Castejón- llevó a los investigadores a hacer gestiones sobre cinco mil todoterrenos, sin resultados. Hay miles de fotografías del criminal repartidas por toda España y un equipo especial de la Unidad Central Operativa (UCO) del Instituto Armado que siguen sus pasos. Los expertos de Criminalística que trabajaron en Fago (Huesca) están en Toro para hacer la inspección ocular y ayer continuaban los controles. La Policía también colabora a fondo en la investigación. «Caerá, sin duda caerá. Pero es uno de los asesinos más escurridizos e inteligentes a los que nos hemos enfrentado», dicen los agentes.



