
El febril día que amaneció en Verín se prestaba a la primera frase de Anxo Quintana: «Un mitin del BNG tiene que hacerse en un lugar público, abierto, no en uno cerrado», en consonancia con la política de la formación nacionalista, manifestó. Y el sol de justicia que caía como una losa sobre las 500 personas congregadas en la Praza da Mercé, en la localidad orensana, asintió.
Quería aludir el líder del Bloque a que los populares utilizan los Concellos como «castillos medievales», con los usos «feudales y caciquiles de la Edad Media», mientras su partido «los abre a la gente». Un mensaje en el que incidió en su visita vespertina a Ponteareas, donde hilvanó el símil entre el uso del Ayuntamiento y el castillo de Vilasobroso. Pero edificaciones aparte -materia urbanística que fue además la que apartó al BNG del tripartito formado en Verín cuando independientes, socialistas y nacionalistas presentaron una moción de censura contra el ganador de las anteriores elecciones locales, el PP-, el vicepresidente de la Xunta denunció que «otros» -PP y PSOE- hablen del «maldito tramo» del AVE que conecta Lubián y Orense sólo en campaña electoral.
Parapetándose bajo el paraguas de su programa, Quintana escuchó a un director general de Montes, Alberte Blanco, muñidor en su día de esa moción que derribó a los populares en Verín y que tan conocido se ha hecho después de la ola de fuegos del pasado agosto. También intervino Eloi Domínguez, el alcaldable para la cita del 27-M y que reivindicó su «gen galleguista», remontándose a una infancia en la que se sintió acobardado por expresarse en la «lingua galega».
Pero fue posteriormente en Ponteareas cuando, quizás por la visita del ministro Jordi Sevilla a Orense, o más bien por las «píldoras» que le propinó Alberto Núñez Feijóo en Carballo, cuando Quintana se armó de su no poco orgullo herido y aseguró que «al PP nunca le interesó la atención a los desfavorecidos y por eso tuvo que llegar el nacionalismo a la Xunta para educar a Madrid en el respeto por Galicia y para poner en marcha una auténtica red de atención a la dependencia». De los 60 millones de euros que el Gobierno estatal le «debe a Galicia en concepto de deuda histórica» -y que recordemos se comprometió al BNG para obtener su apoyo a la Ley de Dependencia-, se han adjudicado a Galicia menos de 19, pero para Quintana es síntoma de que «nosostros conseguimos con nuestro trabajo que nos paguen para el resto de este año 19 millones». Del resto ya quedará tiempo para hablar. Fuera de campaña, of course.



