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cartas al director

La sociedadestá enfermaUn grupo de estudiantes ha intentado reventar una conferencia de Rosa Díez en la Universidad Complutense. Realmente no tengo palabras para calificar lo sucedido. He estado allí

Actualizado 20/02/2008 - 02:49:36
La sociedad
está enferma
Un grupo de estudiantes ha intentado reventar una conferencia de Rosa Díez en la Universidad Complutense. Realmente no tengo palabras para calificar lo sucedido. He estado allí junto a otros compañeros y he podido ver y oír cosas que exceden de mi capacidad de entendimiento. Gritos dirigidos a Rosa Díez de «fuera fascistas de la universidad», «¿democracia dónde, terrorista quién?», «¿quiénes son los asesinos?» entre empujones, insultos y forcejeos. Todo ello aderezado por numerosos carteles insultantes hacia Savater, Rosa, Mikel, Aldecoa («Aldecoa y Rosa tomaros unos tiros», decía uno de ellos).
Creo que una parte de la sociedad española está enferma. La democracia es libertad y aquí hay un grupo de personas que no parecen creer en la democracia, y mucho menos en la libertad. Estamos entrando en una espiral de la que puede ser muy difícil salir. Desgraciadamente no es el primero, y seguramente no será el último, incidente durante esta campaña. Todos deberíamos reflexionar seriamente sobre lo que está ocurriendo y mostrar una tolerancia cero hacía estas actitudes. Hay cosas con las que no se juega y la libertad, que tanto ha costado conseguir a nuestros padres, es una de ellas.
A esos «universitarios» que con la cara tapada han intentado boicotear el acto y que se dicen de extrema izquierda les espero en las urnas el 9-M. Hoy me han dado fuerzas para trabajar con más ánimo y con mucha más fuerza por una sociedad en la que creo. Y les puedo asegurar que no nos van a callar.
David Andina Martínez,
candidato de UPyD a las elecciones generales en la circunscripción de Madrid
Una lección
de humildad
Por circunstancias de la vida, he pasado tres días en el hospital de parapléjicos de Toledo. Lo que pensaba que iba a ser una experiencia dura en mi vida ha sido para mí una cura de humildad tremenda. Vengo con otro concepto de la vida, de los problemas, de la rutina: creo que tengo una vida vacía, y con treinta años no me había dado cuenta de ello. Cuando entras por sus puertas, con el corazón encogido, sin saber lo que te vas a encontrar, comprendes que de verdad en el mundo existen las personas buenas; la generosidad se palpa por cada pasillo de ese hospital, encontrando personas por cada rincón que sin apenas conocerlas quieren formar parte de tu vida. Te saludan sin intención de recibir respuesta por tu parte; te hacen partícipes de su historia sin que tú te atrevas a preguntarles. Ya a la entrada te das cuenta de que va a ser la experiencia de tu vida cuando te encuentras a diez o doce personas en sus sillitas de ruedas fumándose un cigarrillo, hablando todos con todos, preguntándose cómo han pasado la noche y cómo les va el día. ¡Dios mío! Ojalá en nuestra rutina diaria no estuviéramos todos tan ocupados y tuviéramos un poco de tiempo para preguntarle a los demás cómo están y, si puedes, hacer algo por ayudarlos; de verdad, es mi humilde opinión, estoy convencida de que todos seríamos más felices y el mundo iría mejor si nos olvidáramos por unos segundos de nosotros mismos y nos preocupáramos un ratito por nuestro prójimo. Allí todos conocen su propia historia, siendo, supongo, para ellos lo más terrible, ya que la vida tienen que empezar a verla desde otro punto de vista, ya sea para siempre, o por un par de meses. Pues bien, ellos siempre se preocupan por las demás historias, dejando la suya de lado y olvidándose de ellos mismos.
Todo se comparte, aunque tengas muy poco, ya que las personas que conviven en ese hospital están muy solas, porque casi todos tienen a su familia muy lejos. Este es mi pequeño homenaje a unas personas maravillosas que he tenido la suerte de conocer y que me han enseñado que mis problemas son pequeños. Me han enseñado que la bondad existe. Me han enseñado, en definitiva, a querer ser mejor persona.
A todos los trabajadores de ese gran hospital, enhorabuena, y gracias por ayudar y hacerles la vida más sencilla a estas grandes personas.
Desde este rincón de Andalucía, os animo a los que vivís más cerca que yo a compartir una tarde con ellos. De verdad, de corazón, que va a ser la experiencia más enriquecedora de vuestras vidas, y además nos necesitan. Gracias a todos los que formáis parte de ese hospital por alegrarme la vida. Os quiero.
Rocío Llanza Primo de Rivera
Jerez de la Frontera
Por seguridad
del ministro
Los servicios de seguridad del Ministerio del Interior aconsejaron a Fernández Bermejo que abandonara su casa con urgencia: no debía permanecer en ella «ni un minuto más», ya que su integridad no se podía garantizar. Corría inminente peligro por las terribles condiciones del inmueble. Es realmente muy considerado por parte de las autoridades tener esta deferencia para salvaguardar la persona del ministro. Me pregunto si estos mismos servicios son igual de solícitos, atentos y diligentes con quienes habitan los chamizos y chabolas de tantas barriadas marginales, o aquellas pseudoviviendas que se desmoronan cuando caen cuatro gotas y donde sus inquilinos, más que vivir, sobreviven día a día, confiando en no despertarse una mañana a la intemperie.
El señor Fernández Bermejo asegura que el ático, en el que acaba de realizar algunos «arreglillos» de 250.000 euros, tiene unas dimensiones de una vivienda «normal y corriente». ¿Realmente se lo cree, o pretende justificar un desatinado e inexcusable comportamiento, una de las ironías que caracterizan su altanera personalidad? Pero lo más chocante de todo es que quizá tenga que abandonar su piso dentro de dos semanas. Curiosidades de este Gobierno...
Cristina Lizasoaín
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