domingo, 14 de marzo de 2010
Valoración:
No seré yo quien trace el mapa o escriba el cuaderno de bitácora de las obligaciones y los estudios de nuestros nuevos paisanos, ésos que vienen a España a echar el resto y ganarse algún pan, y algún
20-2-2008 02:48:57
No seré yo quien trace el mapa o escriba el cuaderno de bitácora de las obligaciones y los estudios de nuestros nuevos paisanos, ésos que vienen a España a echar el resto y ganarse algún pan, y algún que otro pez, con el sudor de su frente, y la inseguridad del andamio o la frugoneta. No se dirá nada aquí sobre la conveniencia o no de que los llegados allende los mares, allende el Estrecho, o allende los Pirineos, tengan que aficionarse, terca y tozudamente, a la siesta, o le cojan, como si tal cosa, el gustillo a los boquerones en vinagre y a los pimientos de Padrón, o tengan que verse obligados a meterse entre pecho y espalda un bocata de chistorra a las diez de la mañana regado con unos orujitos sin refinar. No, esta oleada no viene en carne mortal, sino en forma de uso y costumbre, mala costumbre. Probablemente, con tanto oír hablar de tortillas desestructuradas y espumas de pote gallego, algunos de nuestros hosteleros de toda la vida, los de los bares de la esquina, han decidido modernizarse y la verdad es que el asunto da mala, muy mala espina. Al crimen de la «torti» en el microondas se suma inopinada y marítimamente (bueno, esto es un decir), esa cosa (llamarla cangrejo sería mucho llamar) rojiblanca (tranquilos, atléticos, esto no va con segundas) de tacto escurridizo y paladar viscoso, que a nuestros restauradores de base les ha dado por usar como extraño aliño y acompañamiento de ensaladillas (en perjuicio del escabeche claro y calvo de toda la vida), en la ensalada mixta, e incluso como escolta de unas simples, sencillas, y «lumpemproletariat» aceitunas en manzanilla. Hay otras fobias (o filias, vaya usted a saber) como la de escamotearle el limón a la cocacola o la de abrir la tortilla de patatas del día anterior y rellenarla de las más variadas especies, tanto de la montaña, como de la mar (y no el mero, precisamente), como del río, y hasta del estanque del Retiro. La tortilla rellena, al igual que la casera, es un sabio truco y un astuto recurso casero para aprovechar y no desperdiciar viandas, pero que la edad de su relleno se pierda en la noche de los dinosaurios, ya es otra cuestión. A esto, en el cine de mi pueblo, le llamaban la invasión de los ultracuerpos.

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