
Luce Deperon y Oswaldo Guayasamín en Caracas, 1953. ABC
El caso Luce Deperon contra Oswaldo Guayasamín sólo va a dirimirse en las páginas de un libro, ya que los familiares del pintor ecuatoriano han decidido no responder en los tribunales. Prefieren el silencio que, en este caso, no quiere otorgar nada, y menos validez a la biografía terrible de una mujer que fue la segunda esposa del artista y dibuja con trazos dramáticos e incluso siniestros su convivencia con Oswaldo.
Luce Deperon, que tuvo tres hijas de esta unión, no se corta un pelo a la hora de narrar cómo fue maltratada física y psíquicamente. He aquí algunos ejemplos de lo primero en el libro «Una luz sin sombras» (Circe): «Nos recibió Oswaldo que, borracho, se abalanzó hacia mí y trató de ahorcarme con la gruesa cadena de oro que yo llevaba colgada del cuello. Los hombres presentes se quedaron de piedra, pero cuando se dieron cuenta de que me estaba matando, me lo quitaron de encima. Pasaron meses antes de que desapareciera la señal de ese atropello». A esta «perla» pueden seguirle otras como, por ejemplo, «...sin embargo, las sorpresas del día no habían acabado, puesto que a las siete de la tarde me llamó la cocinera, que me era muy leal, para avisarme que Oswaldo estaba quemando los muebles de mi madre» o «...la situación se tornó terrible el día que mi madre me contó que un familiar de Oswaldo, un chico de dieciséis años, había intentado violar a una de mis hijas. Investigué el asunto, pues me costaba creer que fuera cierto, pero tanto la empleada como mis hijas me ratificaron el hecho. Creí enloquecer, pero lo peor de todo fue que cuando informé del incidente a Oswaldo, exclamó: «¡Qué quieres..., hombre es!»».
Leído esto, hablar de una relación tormentosa parece poco, pero Luce da su versión acerca de las razones por las que durante años la soportó. Lo cierto es que alguna «perla» también le atañe a ella en lo que a violencia física se refiere: «Oswaldo me hizo una terrible escena por haberme fijado en la cuenta del restaurante, y me gritó «¡judía de mierda!» a voz en cuello y repetidas veces». Cuenta Luce que le pedía que se callara, perocomo quiera que él seguía gritando a más y mejor, lo empujó, y «quiso la mala suerte que se diera contra el armario y se rompiera una costilla. El episodio fue motivo de eterno chantaje, aunque nunca entendí cómo sus huesos podían ser tan frágiles, ya que el empujón no había sido muy fuerte».
Percepciones aparte, el libro sacrifica a Guayasamín en el altar de una mujer a la que no le ha importado revelar lo que revela. A poco de aparecer el libro, la familia del pintor pensó en querellarse, pero finalmente, según ha podido saber ABC a través de Alfredo Vera, marido de Saskia, una de las hijas que el artista tuvo de su primer matrimonio, se ha inclinado por no hacerlo, porque entienden que «no vale la pena». «El libro es la biografía de una persona cuyo único merito ha sido casarse cuatro veces», añade Vera. Sí, pero quien calla, ¿otorga? «La memoria y el respeto hacia mi suegro nos obligan a no hablar», responde. En su opinión, el público es el que debe decidir sobre cuestiones que no se cuentan hasta treinta años después de los hechos y una vez que Guayasamín ha muerto. El artista falleció en 1999.


