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La Familia Real en la boda de Bruno Gómez-Acebo y Laura Ponte

Actualizado 20/09/2004 - 22:01:10
Los Príncipes de Astrias, invitados de honor al enlace
Los Príncipes de Astrias, invitados de honor al enlace

LA GRANJA (SEGOVIA). Con la presencia de la Familia Real al completo, ayer se celebró el enlace religioso de Beltrán Gómez-Acebo, hijo de la Infanta Doña Pilar, y la modelo Laura Ponte. La ceremonia, que ofició el padre Marco Álvarez de Toledo junto con el párroco Isidoro Mardomingo y el padre Matías, se celebró en la Real Colegiata de la Granja de San Ildefonso, lugar especialmente significativo para la Familia Real, tan vinculada históricamente a esa localidad segoviana y en cuyo Palacio nació el padre de Don Juan Carlos, el desaparecido Conde de Barcelona.

Por eso era lógico y esperado que los numerosos vecinos que viven o pasan los fines de semana en esa zona se acercaran hasta los alrededores de la Colegiata para ver a Sus Majestades los Reyes, a los Príncipes de Asturias y a los Duques de Lugo y de Palma de Mallorca. La tarde fue veraniega y eso ayudó a que el ambiente se caldeara y animara a medida que iban llegando los más de quinientos invitados a la boda, entre los que se encontraban desde el Príncipe Haakon de Noruega sin su esposa, Mette Marit (los rumores de embarazo surgieron de nuevo ante su ausencia), a la baronesa Thyssen, que acudió sola pero con una impresionante pulsera en la muñeca que eclipsaba totalmente su modelo de Valentino en rosa salmón.

Lógicamente la llegada de la novia siempre es uno de los momentos más esperados de cualquier boda. La modelo acudió al templo del brazo de su padre, José Manuel Ponte Mittelbrunn y montada en un Rolls Royce descapotable de época, muy acorde con su vestido años veinte, diseño de Miguel Palacio y que recordaba, en mucho, a las novias de aquellos tiempos y especialmente al vestido que lució en su enlace la abuela del novio, Doña María de las Mercedes. De inspiración decó, el diseño estaba realizado en muselina de seda en color blanco natural y adornado con un bordado en plata que caía por las caderas y seguía por la espalda. La casa Lugel es quien ha realizado este motivo. Como adornos, la novia llevó una mantilla de encaje de Bruselas de su familia y la diadema prestada por la Infanta Doña Pilar que se colocó con el pico hacia abajo y cuyas piedras combinaban con las que adornaban la pulsera del abanico de Loewe que colgaba junto al ramo de rosas blancas.

El efecto del conjunto de la novia fue desde luego muy personal. Muy para ella. Con su mirada tímida o sobresaltada, sus gestos asustadizos y su delgada figura, Laura Ponte parecía sacada de una estampa en blanco y negro, de esos años veinte que tanto le gustan, hasta el punto de que muchos de regalos de su lista de boda son de estilo art decó.

Sin duda una de las llegadas más aplaudidas y vitoreadas fue la de los Príncipes de Asturias, ambos testigos de los novios. Doña Letizia confió una vez más en el buen hacer del diseñador Lorenzo Caprile, quien le realizó un conjunto de clara inspiración española, con falda roja adornada con bordados en azabache y chaqueta corpiño en seda negra. Unos altísimos zapatos de hebilla de Pura López y un bolso vintage completaban el modelo (como detalle, Don Felipe lució una corbata roja a juego con el atuendo de su esposa).

En cuanto al resto de los testigos, por parte del novio firmaron sus hermanos Simoneta, Juan, Bruno y Fernando Gómez-Acebo de Borbón; su primo Alfonso Zurita de Borbón, Alfonso Galobart Marone, Luis y Agustín Marsá Serrats, Marcos Gómez-Acebo Cavero, Manuel Oreja Arburúa, Jaime Navarro Sánchez-Sicilia, Álvaro Fernández de Araoz Gómez-Acebo, Jaime Rosales Fontcuberta y Francisco Porras Álvarez. Por parte de la novia, firmaron María Zurita de Borbón, Bárbara Cano de la Plaza, José Miguel Fernández-Sastrón, Rosa Martínez Zapico, Jacobo Ponte Martínez, Isabel de Peñalosa Esteban, Mónica Martín Luque, Gabriela de la Rosa Misol, Cristina Bregas de Hoyos, Ana Ramos Suárez, María Fernández Blanco, Susana Rodrigo Poch, Luis Muñoz Goetsch y Nicolás Franco Cerame.

Tras la ceremonia religiosa, se sirvió una cena en el pueblo de Cavanillas, en una antigua casa de esquileo propiedad del suegro del hermano de la novia. El ambiente rural de la zona (la estancia está junto a una nave de ganado porcino) se engalanó de fiesta gracias al buen hacer de los decoradores Luis Gallusi y Jorge Varela, que utilizaron largas guirnaldas de hiedra que colgaban por todas partes y alegraron los manteles de lino con frágiles mariposas de tela que daban un toque de lo más sofisticado. Eso sí, el menú fue de lo más segoviano: ensalada de cangrejo de río, cordero asado y de postre, el clásico ponche segoviano, que degustaron con una cubertería de plata de Mallorca y tras un aperitivo, en el que no faltó la música de la dulzaina.
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