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Frank Schleck, el hijo de Charly Gaul

J. G. P.ALPE D´HUEZ. Un día de julio de 1971, a Johnny Schleck no le hicieron caso. Era sólo un gregario. Una voz baja. Luis Ocaña, el líder entonces del Bic y del Tour, se empeñó en seguir a Merckx

Actualizado 19/07/2006 - 09:10:17
J. G. P.
ALPE D´HUEZ. Un día de julio de 1971, a Johnny Schleck no le hicieron caso. Era sólo un gregario. Una voz baja. Luis Ocaña, el líder entonces del Bic y del Tour, se empeñó en seguir a Merckx. Kilómetros después, bajo un cielo de pizarra y nervios de relámpago, se escuchó el grito del conquense. Caído sobre el barro de Mente. Roto. Apartado del Tour. Por eso, los hijos de Johnny, Frank y Andy, suelen seguir sus consejos. Son ciclistas obedientes. A Frank le pidió ayer Sastre, su guía en el CSC, que se adosara a la escapada. El joven luxemburgués asintió. Fiel. Unas horas después, a kilómetro y medio de Alpe d´Huez, lo apostó todo en una rampa. Hagan juego. Rescató de su memoria otro consejo paterno. «Gregario sí, pero no demasiado». No podía llegar con Cunego, más veloz, más letal. Tenía que ahogarle con un último chorro de sudor. Lo hizo.
Sigue igual de obediente, pero ya no es «demasiado gregario». En su currículo relucen el Amstel Gold Race y, desde ayer, el Alpe d´Huez. Buen compañero de Sastre. Buen hijo de Johnny. Y buen heredero de Charly Gaul, el padre del ciclismo luxemburgués.
La «Ch» de Scleck ya está en la lista ilustre. Alguien definió a los Alpes como el alfabeto gigante del Tour. Con «G» de Galibier, pionero, la era del barro. O con «A» de Alpe d´Huez, inicio de las retransmisiones televisivas, del primer final en alto. De Coppi, los holandeses (Zoetemelk, Kuiper, Winnen, Rooks, Theunisse), Agostinho, Herrera, Hinault, Etxabe, Bugno, Hampsten, Pantani, Mayo o Armstrong.
Ya ha cruzado el medio siglo de vida este puerto inventado por el Tour. Y nadie mejor que Coppi para abrir la biografía del puerto de las 21 curvas. Fue en 1952. Jean Barbaglia, que así se llamaba el hombre que puso esta cima en el mapa, hubiera estado ayer orgulloso. La ruta era un balcón de asfalto. Una azotea poblada de voces, pancartas. Un asfalto alegrado con miles de pintadas. Curvas para holandeses, daneses, germanos... Un campo de caravanas, tiendas de campaña, bikinis y cremas bronceadoras.
Al duelo Coppi-Robic le siguieron muchos. Como los que mantuvo Hinault con Fignon o su compañero Lemond. De 1986 data la fotografía de un sonrisa mentirosa: la de Hinault y Lemond entrando de la mano. Pocos enemigos han sido tan íntimos. Luego vino la escapada de Etxabe, la era holandesa de Rooks y Theunisse, y el récord de Pantani: en 1995 sobrevoló el puerto en 36 minutos y 40 segundos, dos menos que ayer Landis.
El récord, de Pantani
El italiano disfrutaba de su esplendor. Más tarde legó una frase: «¿Por qué subo tan rápido? Para dejar de sufrir antes». Así vivió. Así murió. Le sucedió un resucitado, Armstrong. En 2001 reventó a Ullrich y Beloki. Y en 2004, voceó en la cronoescalada que ya tenía el sexto Tour, el penúltimo.
Ayer se sumó a la nómina la «Ch» de Schleck, un chico con perfil zancudo que ha crecido como le dictó su padre. Al servicio de un líder, Basso o Sastre. Que es leal a Riis, el director del CSC. «Estuve a punto de dejar el ciclismo. Nadie me daba un dorsal. Decían que como yo había muchos. Y sólo Riis se acordó de mí. Cuando estaba a punto de retomar mis estudios, me llamó. Me citó en el aeropuerto. Al día siguiente estaba ya vestido de comando en la concentración del CSC», agradeció ayer.
«¿Si voy a ganar algún día el Tour? Responderé en el futuro», dijo el hijo de Johnny. Y de Gaul.
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