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El eclipse de las astrónomas

En astronomía se define un eclipse como la «ocultación transitoria total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste». Y esa ha sido la historia de las mujeres en Astronomía, una

Actualizado 19/05/2009 - 02:44:11
En astronomía se define un eclipse como la «ocultación transitoria total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste». Y esa ha sido la historia de las mujeres en Astronomía, una ciencia que no se puede concebir «sin el extraordinario trabajo realizado por todas aquellas mujeres que con su dedicación y amor a la ciencia nos han dejado su legado», como resalta Josefa Masegosa, del Departamento de Astronomía Extragaláctica del Instituto de Astrofísica de Andalucía-CSIC.
Y sin embargo, son pocos los nombres de mujeres que asociamos a esta ciencia que este año celebra el cuatrocientos aniversario de la invención del telescopio por Galileo. Y eso a pesar de que la aportación femenina en la historia de la observación del espacio ha sido abundante y valiosa, como señala Masegosa. Como muestra, un dato aportado por la historiadora Londa Schiebinger: durante los siglos XVII y XVIII, en Alemania un número muy importante de mujeres se dedicó a la astronomía. En total un 14 por ciento, el doble de las que ejercían como astrónomas en 2007.
Con luz propia
Entre las alemanas que brillaron con luz propia, aunque durante muchos años hayan permanecido eclipsadas, destacan «tres Marías»: María Cunitz (1610-1664), que hizo asequible la astronomía de Kepler con su libro «Urania Propicia»; María Eimmart (1676-1707), que realizó 250 dibujos de las fases de la Luna y contribuyó al desarrollo de los mapas lunares; y, finalmente, aunque no menos importante, María Winkelmann, que trabajó en estrecha colaboración con su marido y luchó para que se permitiera el acceso de las mujeres a la Academia de Ciencias de Berlín, algo que no ocurrió hasta 1964. Desde la fundación de este organismo científico en 1700, resalta Masegosa, «sólo catorce de sus 2.900 miembros han sido mujeres y de ellas, sólo cuatro lo han sido de pleno derecho.
En el resto de Europa el panorama para las mujeres no era muy diferente. Hasta el siglo XIX (1835) la Royal Astronomical Society no contó con las astrónomas. Ese año las puertas de la real institución se abrieron para recibir a Carolina Herschel (1750-1848) y Mary Somerville (1782-1872). Herschel, fue la primera mujer que recibió un sueldo del rey de Inglaterra por su trabajo en astronomía. Trabajó en colaboración con su hermano William, que en 1781 descubrió el planeta Urano. Somerville, con una posición económica desahogada, pudo dedicarse a la astronomía, las matemáticas y la filosofía. Entre sus logros destaca la traducción de «Mecánica celeste» de Laplace.
La estadounidense Marie Mitchell (1818-1889) supuso un hito importante para la astronomía femenina. En 1861 el cervecero Matthew Vassar fundó una universidad femenina para dar formación superior a las mujeres en la que Marie fue contratada como profesora de astronomía, entonces era una de las mujeres más famosas de América, porque había descubierto un cometa. La afición de Mitchell por las estrellas la heredó de su padre, quien, en contra de la tendencia de la época, se preocupó de que su hija pudiera trabajar como bibliotecaria en el Ateneo de la pequeña isla de Nantucket.
Del Vassar College salió una generación de astrónomas alumnas de Marie que pronto fueron contratadas en el Observatorio de la Universidad de Harvard. Demostraron ser más competentes que algunos de sus compañeros, aunque el sueldo que recibían era menor.
En el siglo XX las cosas no mejoraron mucho. Algunos observatorios astronómicos seguían prohibiendo la entrada a mujeres e incluso la Academia Sueca denegó el Nobel a mujeres que lo merecieron, como Margaret Burbidge, Vera Rubin o Jocelyn Bell Burnell.
Pilar Quijada
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