G. GIMÉNEZ
MADRID. Sobre la maldad en estado puro, ésa que destila la infancia «que aún no ha aprendido a medir las consecuencias de sus actos», y sobre el precio a pagar por posponer el amor y la maternidad hasta etapas tardías ha construido Carmen Posadas las reglas de «Juego de niños» (Planeta), la novela con la que lleva su gusto por el «thriller» hasta el «crescendo» narrativo definitivo sin aparcar en los márgenes la sátira social ni el relato de costumbres.
Siempre cercana al género, en esta ocasión la autora uruguaya realiza un relato psicológico que disecciona los mecanismos de la propia escritura, pequeña transgresión a pautas tradicionales en el gremio: «Como los cocineros, los escritores nunca revelan sus recetas, pero aquí yo lo cuento todo: la investigación, la creación de personajes...», confesó durante la presentación.
La protagonista de «Juego de nilos», «reflejo impúdico» de Posadas, es una madura novelista de éxito inmersa en la creación de una obra de misterio y asesinato en la que, inconscientemente, reproduce un episodio oscuro de su niñez que empieza a repertirse en el entorno cercano de su hija, concebida durante un calculado «viaje de apareamiento». Referencias como ésta a nuevas formas familiares y a decisiones personales inconcebibles hace apenas veinte años salpican un relato que avanza en tres planos narrativos distintos, que no renuncia al humor y donde el destino incierto de los personajes confirma que Posadas es uno de esos escritores «ciegos» que desconocen hacia dónde caminan sus obras.


