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Zapatero afirma en el Senado que nación es un concepto «discutido y discutible»

García-Escudero, en el primer pleno de control a un presidente en la Cámara alta, reprocha al Gobierno sus hipotecas con ERC y que provoque «confusión y alarma»

Actualizado 18/11/2004 - 02:23:50

MADRID. Inmerso el Congreso en los últimos trámites del debate sobre los Presupuestos, Gobierno y PSOE trasladaron ayer al Senado la agresividad y la ironía habituales en las sesiones de control al Ejecutivo en la Cámara Baja. Por deseo de José Luis Rodríguez Zapatero, era la primera vez que un presidente del Gobierno acudía a la Cámara alta para someterse a una sesión de control y las expectativas no se vieron defraudadas porque, pese a la impecable cortesía en las formas, el cruce de reproches de fondo entre Zapatero y Pío García-Escudero, portavoz del PP, fue de magnitud.

Zapatero respondió a cuatro preguntas. La primera de ellas a García-Escudero, quien indagó en si el jefe del Ejecutivo considera ya superado el concepto de nación establecido en la Constitución. La pregunta tenía su raíz en recientes afirmaciones de Zapatero, según las cuales no hay diferencias entre nación y nacionalidad.

García-Escudero le acusó de falta de rigor en sus expresiones, de generar confusión, alarma y desconcierto, de frivolizar con el significado de la soberanía y con los contenidos de la Carta Magna, de dar oxígeno a los nacionalistas que pretenden «destruir» el vigente modelo de Estado e, incluso, lo situó por debajo «de cualquier estudiante de primero Derecho».

Zapatero, ante una Cámara prácticamente repleta para la ocasión, no quedó a la zaga: «Desde que tengo uso de razón me han asustado las afirmaciones categóricas, indubitadas y que rezuman fundamentalismo», contestó al portavoz del PP para censurar el inmovilismo que, a su juicio, demuestra el PP, en la retórica del discurso sobre el concepto de nación. Y, por supuesto, devolvió la bofetada a García-Escudero reafirmándose en que si hay un concepto «discutible y discutido en la teoría política y en la ciencia constitucional» es precisamente el de nación... «es algo que, en efecto, sabe cualquier estudiante de Derecho», le espetó.

«Muertos por defender la Constitución»

El debate, en cuyo manejo el presidente del Senado, Javier Rojo, se mostró generoso con los tiempos, especialmente con García-Escudero, comenzó con la expresa apelación de éste a Zapatero para que «ratifique o desmienta su afirmación acerca de que no hay diferencias entre nación y nacionalidad». Zapatero respondió que «como no podía ser de otra manera, el Gobierno considera plenamente vigentes los conceptos constitucionales en todos sus preceptos», pero añadió que el Ejecutivo tiene la «obligación intelectual» de constatar que «en algunos casos estamos ante conceptos discutidos y discutibles, afortunadamente, para el objetivo de buscar una convivencia compartida en un proyecto común, que es España, que se rige por la Constitución y que busca que sus pueblos, sus identidades y sus singularidades estén cómodas en él».

No convenció la respuesta a García-Escudero, que atacó en la réplica a un Zapatero preso de «hipotecas» con los nacionalistas por «especular» y atribuir al concepto de nación un significado u otro «en función de los intereses particulares que se deseen en cada caso». «Sin la nación española tal y como viene en la Constitución, el propio Estado de las autonomías sería de difícil comprensión -dijo-. En la Constitución la diferencia entre nación y nacionalidad es muy clara. La Constitución no es un pacto entre otras soberanías».

Pero Zapatero contestó que ni siquiera García-Escudero distingue «entre nación y nacionalidad», un concepto este último «innovador» en la Carta Magna de 1978 para «buscar un gran lugar de encuentro para ese proyecto común de convivencia, que es la esencia de la Constitución». «Hay un derecho incuestionable a la autonomía de pueblos y de entidades, nacionalidades, o como usted quiera denominarlas», concluyó.

No había lugar a una nueva réplica de García-Escudero. Por ello, aseguró a la Prensa que «salgo más preocupado que cuando entré» y tildó a Zapatero de «irresponsable» por haber acusado al PP de «fundamentalista sólo porque defendemos los principios de la Constitución. Y por defender estos principios han muerto muchos españoles».

El discurrir de las otras tres preguntas que respondió Zapatero -al PNV, a CiU y a la Entesa Catalana de Progrés- no tuvo un tono tan áspero. El jefe del Ejecutivo adelantó al PNV que tendrá difícil conseguir la devolución de la que fue sede de la Delegación vasca en París y ahora del Instituto Cervantes; a la Entesa le reafirmó su compromiso de «superar el centralismo de las infraestructuras» en pro de una concepción menos «radial», pero sin incurrir en «desequilibrios territoriales»; y ante CiU se comprometió a agilizar, en lo posible, la licitación de las obras para el «cuarto cinturón» de Barcelona.
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