Toledo

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Villacañas, lira universal

Esel abismo que separa el divino poeta del necio poetastro, lo que me produce vértigos horribles. Es, verdaderamente, la «gracia del cielo» con que nace el poeta, con la naturalidad con que surge la

Actualizado 18/09/2008 - 03:07:29
Esel abismo que separa el divino poeta del necio poetastro, lo que me produce vértigos horribles. Es, verdaderamente, la «gracia del cielo» con que nace el poeta, con la naturalidad con que surge la flor entre hirientes espinas, lo que me irradian emoción y respeto...
Toledo se quedó muda hace unos años, porque nuestra ciudad se sabe muy bien la lección del mutismo aprendida en la Historia. ¿O es que acaso la Historia no es un inmenso silencio removido?
Paseó Garcilaso por Toledo el mundo lírico del Renacimiento, para que Toledo quedase callado en las églogas dulces de su fantasía, ¡oh letras de oro inmortales caídas en el muladar de un Imperiodonde se moría simplemente de hambre!
Cuatro largas centurias después, la Ciudad milenaria se despereza poéticamente y renace en la voz cristalina de Juan Antonio Villacañas. Si; Juan Antonio. ¿No lo recuerdan ya? ¡Ay la amnesia ancestra de esta amada ciudad de los Concilios!
Permaneció callada también, en un principio, varios años, en ese rincón oscuro de la duda, la lira ágil y bella y armoniosa de Juan Antonio: «¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas/ como el pájaro duerme en la rama...!»
La lira generosa que, antes de tomar de la mano a Dante Alighieri para mostrarle el primor de Toledo, había humildemente aprendido que «la calle de los Bécquer es una voz posible, o posible invención de lo desconocido».
Conocí a Juan Antonio Villacañas un día-con «Los Sapos»- de 1968. Y fue tan generoso, que acarició mi pena ignorante de perrillo asustado que solía refugiarse de taberna en taberna buscando esos amores imposibles, o esos falsos saberes que siempre ofrece el vino trasnochado. Él me puso la mano en el hombro y me dijo sincero las mismas palabras que un día dijera a Paco, su amigo: «Dios está en el andamio, contigo y a tu altura».
No sé lo que habrá sido de Paco «El Albañil», más, imagino que ahora será tu «oficial» predilecto allá donde los ladrillos son estrellas y la argamasa es Poesía veraz y sincera, gigante y divina. ¡ Qué edificios levantareis en las nebulosas con el plano genial de tus poemas!
«No te preocupes, Paco-nos dijiste-, que un verso mas o menos/ no quiebra el ladrillo, ni la piedra...». Y Paco lloró emocionado en la yesería Vía Láctea, igual que este poetilla lo hace ahora, aquí, aliviando su sed con tus versos.
José Rosell Villasevil
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