La bella defensa de la integración latinoamericana realizada por varios ponentes en la IV Conferencia Internacional de ABC chocó con una realidad insoslayable muy bien descrita por el investigador del Elcano Carlos Malamud: «La parálisis es la característica de los procesos de integración en América Latina». Y frente a la excusa habitual, la de culpar a Estados Unidos de los propios fracasos, Malamud resumió con precisión el problema interno: dos excesos en casi todos los países de la comunidad hispana -retórica y nacionalismo- y un déficit, el de liderazgo.
Ahora hay quienes creen que ha surgido un nuevo liderazgo en torno a la figura de Hugo Chávez. ¿Quién puede negar que el comandante denota dotes caudillistas? El caudillismo puede ser útil en una región en la que están 17 de los 50 países más vulnerables del mundo a riesgos catastróficos, según el dato que aportó el economista del Banco Mundial Luis Guasch. Pero llega un momento en que el marcado nacionalismo se convierte en una eficaz barrera frente al neobolivarianismo de Chávez. Y anteponemos el neo porque como bien dijo Malamud, ni Bolívar dedicó nunca un minuto a Brasil -y ahora Lula lo cita con frecuencia para ser políticamente correcto- ni nunca quiso hacer nada parecido al proyecto chavista. Lo que él quería era amalgamar el Imperio Español. ¿Bolívar y el Imperio Español? Vade retro.


