
Imagen que a diario contemplan vecinos de Villaverde Bajo que viven junto al Centro Logístico de Renfe.EFE
Vecinos de Villaverde Bajo soportan desde la madrugada del sábado el espantoso panorama de ver algunos vagones destrozados por la matanza terrorista que Renfe ha aparcado delante de sus casas
MADRID. Cada vez que levanta la persiana de su salón, María de los Ángeles rememora la matanza del 11-M. Aunque tenga la televisión apagada para no ver más imágenes aterradoras, desde su mirador acristalado contempla un paisaje espeluznante a tan sólo 100 metros: dos de los vagones sacudidos por la masacre terrorista del jueves le recuerdan a diario lo que sucedió ese funesto día. Están partidos en dos, estacionados en una zona del Centro Logístico de Renfe en Villaverde Bajo y a la intemperie, sin una mísera lona que los tape.
María de los Ángeles vive en uno de los inmuebles que se levanta en la encrucijada de las calles de Silvinita y de Berrocal. Esta joven mujer no tiene la posibilidad de mirar a otro lado cuando quiere tomar aire fresco, porque todas las ventanas de su piso están orientadas hacia ese espantoso panorama, como les ocurre a otros vecinos. «Tengo las persianas bajadas casi todo el día -afirma María de los Ángeles-, porque no puedes soportarlo. Están en un sitio indebido y hay gente que no está cómoda». No desayunan, no comen, no cenan, no duermen a gusto, sabiendo lo que hay enfrente.
Miradas inocentes
Los dos vagones seccionados se encuentran en la explanada desde las cinco de la madrugada del sábado. Llegaron junto a otras unidades, igualmente destrozadas, que fueron el siniestro blanco de los atentados. Durante más de 48 horas, el paisaje llegó a ser más espantoso, si cabe, porque todos los coches estaban sin cubrir. Los niños que correteaban por la zona común de la urbanización, cuyas viviendas se entregaron hace seis meses, podían contemplar el trágico panorama. Algunos vecinos se quejaron a Renfe y a primeros de semana taparon con lonas verdes y mostaza algunas unidades, las más próximas a las viviendas y que se podían ver desde la calle. El vecindario desconoce la razón por la que no se cubrieron todos los vagones y se pregunta por qué no los han llevado a otro lugar, alejado de los ojos de la ciudadanía, conmocionada por la masacre.
Renfe no puede hacer nada más por el momento, según afirma un portavoz, ya que todos sus movimientos dependen de las instrucciones que reciban de las autoridades que investigan los atentados. Todavía, ayer, la Policía indagaba en los dos vagones que María de los Ángeles tiene delante de su mirador. Y los vecinos no saben cuánto tiempo tendrán que soportar ese tétrico paisaje. Renfe tampoco da una fecha. «La idea es que todos los vagones afectados por las explosiones, que ahora están dispersos por distintas instalaciones, se concentren en Villaverde Bajo», señalan fuentes de la empresa ferroviaria.
Volverán a ser utilizados
Ayer empezaron las tareas para desguazar algunos de esos vagones. Los operarios encontraron libros, fotografías y otras pertenencias del pasaje entre los amasijos de hierro, antes de que las máquinas realizasen su trabajo. «No obstante, los vagones que sirvan volverán a circular», señaló a ABC un portavoz de Renfe.



