Conflicto Iraquí

Edurne Uriarte

?Quien piense que los espa?oles nos hemos sentido molestos con esos gui?oles franceses se equivocan?

Federico Ysart

?Garz?n fue publicitado por todo el mundo, y las relaciones hispano-chilenas sufrieron una grave crisis?

Gonz?lez Urbaneja

?En Espa?a, los d?biles ahora son los sindicatos y el fuerte es el gobierno de Mariano Rajoy?

?ngel Exp?sito

?Ante los siete magistrados que forman el Tribunal Supremo y que dictan una sentencia, lo que queda es acatarla?

Ram?n P.-Maura

?Santorum ha sido capaz de soportar los ataques de la escuadra publicitaria de Romney con mucha m?s firmeza que Gingrich?

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El día de los ultimatums en las islas Azores

Bush se impacientó con las preguntas de los periodistas, tras un encuentro relajado en el que Blair era el más preocupado por las consecuencias de una acción militar

Actualizado 18/03/2003 - 00:21:51
Blair, Bush y Aznar durante la cumbre del pasado domingo en las Azores. AP
Blair, Bush y Aznar durante la cumbre del pasado domingo en las Azores. AP
La isla de Terceira volvió ayer a su soledad en medio del Atlántico. La actividad diplomática se trasladó de nuevo a Washington, a Londres y, naturalmente a Madrid, donde José María Aznar habló de nuevo con George Bush, aunque no llegó a estrenar el nuevo sistema de secráfono telefónico conectado a un ordenador para tener a sus interlocutores en imagen, y que fue instalado en La Moncloa el pasado fin de semana.
Para lo que le iba a decir, no era preciso andar con mensajes cifrados. El presidente estadounidense le puso al corriente del discurso que iba a pronunciar horas después, dirigido a Sadam Husein. Bush tiene una sintonía muy especial con Aznar, según afirman quienes han seguido la evolución de sus contactos desde que aquél llegara a la Casa Blanca. Algún miembro del Gobierno incluso asegura que cuando los asesores de Bush quieren que sus ideas calen en el presidente norteamericano procuran que el mensaje llegue antes a Aznar para que éste se lo transmita. Bush, al parecer valora de verdad lo que le transmite el presidente del Gobierno, su «amigo José María» como no cesa de repetir, y a quien distingue con gestos de cordialidad como el que ayer mismo podía apreciarse en las fotografías de la cumbre con su mano sobre el hombro de Aznar.
La decidida posición de apoyo a Estados Unidos mantenida por Aznar le ha servido para situar a España en el nuevo Eje Atlántico surgido en medio del propio Océano. Al parecer fue el propio Aznar quien el jueves pasado, cuando se empezó a gestar la reunión, propuso el Archipiélago de las Azores como punto de encuentro, tras rechazar la oferta británica de las Bermudas, que podía prestarse a alguna que otra broma por aquello del famoso Triángulo. Durao Barroso, deseoso de demostrar su atlantismo, aceptó de sumo grado y se esmeró en la organización, aún a costa de tener que ver cómo los pocos manifestantes que pudieron asomarse por Terceira, le calificaban en las pancartas como «mayordomo de los señores de la guerra».
El menú de la cena
Durao también quiso lucirse con el menú de la temprana cena de la cumbre. Después de un encuentro de poco más de una hora en el Club de Oficiales norteamericanos de la Base y, una vez concluida la rueda de prensa, agasajó a sus invitados con una exquisita carne de vaca de Terceira, crema de legumbres, pudin y ensalada de frutas, todo regado con vino «Quinta do Carmo. Reserva 2000».
Fue una cena que compartieron los cuatro mandatarios en una mesa. El clima, muy relajado, casi tanto como el de la reunión, en la que estuvieron acompañados cada uno por tres de sus colaboradores -Javier Zarzalejos, Alfredo Timermans y Alberto Carnero, por parte española-, y a la que se había llegado con los papeles ya negociados en la mañana del viernes. La conversación se desarrolló en inglés con traducción al español, aunque de cuando en cuando Bush practicaba sus conocimientos de nuestra lengua al hablar con Aznar. El tema de conversación estuvo orientado más bien hacia el caliente calendario de esta semana, que puede concluir con una intervención militar en Irak, en el plazo de escasos días. No hubo discrepancias y sí identidad de objetivos, como dejaron patente sus participantes al comparecer ante los periodistas. Alguno de los beneficios que prometía Jeb Bush, el hermano del presidente estadounidense, comenzó a hacerse realidad para los informadores españoles, a quienes se llamó para que ocuparan un lugar de privilegio en la sala, en las primeras filas frente a Durao, Bush, Aznar y Blair que, por ese orden hicieron su aparición en el Centro Recreativo norteamericano.
Durao, satisfecho del protagonismo; Bush, con paso casi militar y mirando desafiante al frente, como suele ser habitual; Aznar, bastante tranquilo y hierático, también como es habitual; y Blair, ciertamente avejentado como si le pesara la responsabilidad y sobre todo la crisis en el seno de su partido. Una pregunta para cada uno, aunque Bush no pudo reprimir su impaciencia cuando la periodista española a la que se dio la palabra ensartó una retahíla de cuestiones. «Sólo una pregunta», reclamó por lo bajo Bush, mientras fruncía el ceño, impaciente, como si lanzara otro ultimátum.
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