
La escritora Carmen Boullosa /IGNACIO GIL
Alfonso, el cerillero anarquista, ya no está al mando, pero el Café Gijón todavía mantiene vivo el espíritu de la bohemia madrileña y española de la posguerra.
Vivo y coleando muy especialmente a través de los premios que llevan el nombre de la centenaria casa, apadrinada también desde 1989 por el Ayuntamiento de la ciudad asturiana, que nacieron en 1949 propiciados por Fernando Fernán-Gómez y sus compinches de mesa, café, copa y puro, como Camilo José Cela, José García Nieto, Manuel Alexandre y Regino Sáinz de la Maza, entre otros ilustres tertulianos.
En el pasado mes de septiembre, un jurado compuesto por Mercedes Monmany, Marcos Giralt, Antonio Colinas, José María Guelbenzu y Rosa Regás, otorgó los galardones de 2008 que recayeron en la escritora mexicana Carmen Boullosa, por su novela "El complot de los románticos", y Alberto Torres Blandina, por "Niños rociando gatos con gasolina", obras que hoy se han presentado y que ha editado Siruela.
Literatura dentro de la literaturaCómica, reflexiva y ambientada en tres ciudades, Nueva York, México D.F. y Madrid, "El complot de los románticos" es literatura dentro de la literatura, una obra con un argumento cuando menos sorprendente: una vez al año, los grandes escritores que ha tiempo duermen el sueño de los justos vuelven a este valle de lágrimas para reunirse en El Parnaso, un congreso que concede un premio al mejor trabajo inédito de los maestros. Ayer, su autora, Carmen Boullosa, recordaba su "estreno" en la capital de España: "Visité el Café Gijón la primera vez que vine a Madrid y nunca creí que años después iba a estar aquí recibiendo el premio que lleva su nombre".
Wilde chateando en el propio Gijón, Emily Dickinson, Jane Austen y Carson McCullers llamadas "chulas" por un camarero garboso y fetén, Silvia Plath menos melancólica de lo habitual, Mishima volviéndose a suicidar a las puertas de El Corte Inglés, Tagore zampando en un vegetariano, Ovidio de paseo por el Madrid de los Austrias. así se las gasta la autora, que calificó su novela como "loca y carabatera, y muy irreverente. Tengo un inmenso cariño por todos los escritores que salen en ella, ya que casi todos están entre mis preferidos, pero he de reconocer que ese día que vuelven entre los vivos no vienen a dar buen ejemplo, precisamente, sino a pasárselo bien o a vengar viejas afrentas de siglos". La escritora mexicana se sirve de varias voces para hilvanar la narración que ella misma, finalmente, define como una "una novela fantástica de fantasmas".
Por su parte, el libro finalista,"Niños rociando gato con gasolina" (también editada, por expresa recomendación del jurado, ya que no es obligatorio según las bases) también destaca por su original planteamiento, y la juventud de su autor, Alberto Torres Blandina, valenciano del 76. Su desasosegadora trama arranca de un extraño proyecto puesto en marcha en los años setenta y ochenta al albur de la hippiosa Era Acuario: los niños índigos, educados para ponerse al frente del futuro y capitanear una nueva época de espiritualidad para la Humanidad. El autor escuchó esta historia al psicoterapeuta Luis Muiño en un programa de radio y puso manos a la obra, planteando en ella como serían "estos nuevos Jesucristos veinticinco años después, con todas derrotas y frustraciones".
Vivo y coleando muy especialmente a través de los premios que llevan el nombre de la centenaria casa, apadrinada también desde 1989 por el Ayuntamiento de la ciudad asturiana, que nacieron en 1949 propiciados por Fernando Fernán-Gómez y sus compinches de mesa, café, copa y puro, como Camilo José Cela, José García Nieto, Manuel Alexandre y Regino Sáinz de la Maza, entre otros ilustres tertulianos.
En el pasado mes de septiembre, un jurado compuesto por Mercedes Monmany, Marcos Giralt, Antonio Colinas, José María Guelbenzu y Rosa Regás, otorgó los galardones de 2008 que recayeron en la escritora mexicana Carmen Boullosa, por su novela "El complot de los románticos", y Alberto Torres Blandina, por "Niños rociando gatos con gasolina", obras que hoy se han presentado y que ha editado Siruela.
Literatura dentro de la literaturaCómica, reflexiva y ambientada en tres ciudades, Nueva York, México D.F. y Madrid, "El complot de los románticos" es literatura dentro de la literatura, una obra con un argumento cuando menos sorprendente: una vez al año, los grandes escritores que ha tiempo duermen el sueño de los justos vuelven a este valle de lágrimas para reunirse en El Parnaso, un congreso que concede un premio al mejor trabajo inédito de los maestros. Ayer, su autora, Carmen Boullosa, recordaba su "estreno" en la capital de España: "Visité el Café Gijón la primera vez que vine a Madrid y nunca creí que años después iba a estar aquí recibiendo el premio que lleva su nombre".
Wilde chateando en el propio Gijón, Emily Dickinson, Jane Austen y Carson McCullers llamadas "chulas" por un camarero garboso y fetén, Silvia Plath menos melancólica de lo habitual, Mishima volviéndose a suicidar a las puertas de El Corte Inglés, Tagore zampando en un vegetariano, Ovidio de paseo por el Madrid de los Austrias. así se las gasta la autora, que calificó su novela como "loca y carabatera, y muy irreverente. Tengo un inmenso cariño por todos los escritores que salen en ella, ya que casi todos están entre mis preferidos, pero he de reconocer que ese día que vuelven entre los vivos no vienen a dar buen ejemplo, precisamente, sino a pasárselo bien o a vengar viejas afrentas de siglos". La escritora mexicana se sirve de varias voces para hilvanar la narración que ella misma, finalmente, define como una "una novela fantástica de fantasmas".
Por su parte, el libro finalista,"Niños rociando gato con gasolina" (también editada, por expresa recomendación del jurado, ya que no es obligatorio según las bases) también destaca por su original planteamiento, y la juventud de su autor, Alberto Torres Blandina, valenciano del 76. Su desasosegadora trama arranca de un extraño proyecto puesto en marcha en los años setenta y ochenta al albur de la hippiosa Era Acuario: los niños índigos, educados para ponerse al frente del futuro y capitanear una nueva época de espiritualidad para la Humanidad. El autor escuchó esta historia al psicoterapeuta Luis Muiño en un programa de radio y puso manos a la obra, planteando en ella como serían "estos nuevos Jesucristos veinticinco años después, con todas derrotas y frustraciones".


