España es ya un gran país multicultural, donde conviven muy diversas y diferentes religiones, costumbres, caracteres y formas de entender la vida. Desde nuestros más próximos vecinos europeos como portugueses, italianos, alemanes y británicos, hasta los más alejados como letones, estonios y finlandeses. Pero es que nuestro país también tiene hueco para personas de sociedades totalmente dispares: hay canadienses, australianos, iraquíes, coreanos, sudafricanos, congoleños, liberianos, macedonios y hasta naturales del Principado de Liechtenstein. Son menos numerosos, pero están aquí, ya sea por cuestiones laborales, estudios, asuntos familiares, comodidad o pura atracción.
Desde luego, el número de extranjeros residentes en España ha subido como la espuma. Y seguirá así hasta 2010, año en el que se prevé que empiece a descender hasta llegar a un «punto de inflexión» en 2015. Consecuentemente, también la población de nuestro país se ha disparado: somos ya 45,2 millones de habitantes, el 10% de ellos (4,5 millones) de otras nacionalidades, como revela el padrón municipal definitivo de 2007 que ayer publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE). Las previsiones apuntan a que en 2015 alcanzaremos los 50 millones de almas en nuestra geografía.
La llegada de inmigrantes se mantiene cada año pero no al mismo ritmo, aunque sí como un constante goteo. En 2007 se empadronaron un 8,3% más de extranjeros, 375.388 personas. Aunque el mayor aumento se registró en 2004, cuando se incorporaron a nuestra sociedad casi un 30% más de ciudadanos de otros países, es decir, 700.000 personas. Y si se hace balance desde que empezó el siglo, la cifra de naturales de otros países conviviendo con españoles resulta espectacular: poco a poco, 3,5 millones de inmigrantes han encontrado un lugar en nuestro país donde vivir.
Preferencias diferentes
Los patrones que siguen estos flujos migratorios resultan muy diferentes. Una gran mayoría de los extranjeros llega a España en busca de mejores condiciones de vida y sobre todo de trabajo. Pero otro grupo se decanta por la comodidad de nuestro clima. Así se interpreta de los datos que generan las comunidades con mayor población inmigrante. En Madrid (los extranjeros representan un 14,2%), Murcia (14,4%), Cataluña (13,4%), La Rioja (11,9%) y Navarra (9,2%) se asientan en mayor medida marroquíes, rumanos y ecuatorianos en busca de un empleo. Sin embargo, la costa tiene gran atractivo para británicos y alemanes. Se han percatado de que el sol de Valencia, Canarias y Baleares -la región con el mayor colectivo de extranjeros, 18,4%- significa un lujo a partir de la jubilación. Por eso, en ellas son los más numerosos.
En otras autonomías la inmigración resulta puramente anecdótica. Son los casos de Extremadura -que recoge el menor porcentaje de extranjeros de España, 2,6%-, Galicia (2,9%) y Asturias (3%).
En nuestro país conviven más de cien nacionalidades diferentes. Sin embargo, los marroquíes se han alzado como el mayor colectivo (representan casi el 13% de los extranjeros en España); seguido de los rumanos, que han registrado un fuerte crecimiento (22%) respecto al año anterior; ecuatorianos y británicos.



