Bienvenido al mundo de los vivos. La televisión argentina le dio su oportunidad a Diego Armando Maradona. El debut como conductor del programa, «La noche del 10», elevó al «pelusa» a su antiguo feudo: el olimpo de los dioses. A su lado, por espacio de dos horas, una escena inédita: el rey Pelé. Entre las secuencias y los artistas principales del nuevo «crack» de la televisión: la tenista Gabriela Sabatini, el futbolista Gabriel Batistuta, el actor Ricardo Darín («El hijo de la novia»), el cantante Diego Torres (voz musical de la visita del Papa a España) y la protagonista de «El cartero (y Pablo Neruda)», María Gracia Cucinotta.
La imagen distorsionada del que fuera ídolo de pies de barro durante los últimos años se transformó la noche del lunes en lo que muchos creyeron un programa de ciencia ficción. Maradona o, para mayor precisión, la mitad del antiguo y enfermo Maradona, se presentó flaco y en plena forma. «Lo mío no es un milagro. Lo mío es amor». Arrancó con la frase que elevó a las alturas a su ex mujer, Claudia, a sus hijas Yanina y Dalma, a sus padres, a sus hermanos..., a todo el clan Maradona, que se había instalado en primera fila de las gradas de Canal 13 (Multimedia Clarín).
Histórica reconciliación
Con la cabeza sobre los hombros y los pies firmes en la tierra, «El Diego» demostró, sin trampas ni ayuda de manos divinas,que es capaz de aprender a moverse en un plató como en un campo de fútbol. Y si se le antoja, hasta «cabecear» una pelota con el único futbolista en la historia que le ha hecho sombra, Pelé.
Ambos, después de años de distanciamiento, se premiaron con confesiones mutuas, una samba y un tango. «Se juntó con mala gente (...) Le engañaron (...)», respondió «el rey en la noche de Dios» sobre la detención de su hijo por sus vínculos con una red de secuestradores de deportistas.
«Un ejemplo también para su hijo»
Sin perder la esperanza, el monarca que nunca perdió el trono del balón aplaudió al futbolista venido en presentador y salido del infierno de la droga: «un vencedor, un ejemplo también para él (su hijo)».
Sólo hubo un momento de rubor, cuando Pelé se interesó por saber quién adulteró con un somnífero, años atrás, el agua que le dieron a beber al defensa brasileño Branco, anécdota que Maradona confesó hace meses. «Juro por mis hijas, que son lo que más quiero, que yo no fui (...) Se dice el pecado pero no el pecador (...) Yo no necesité dormir a nadie para ganar un juego».
Después de muchas sonrisas, algunas lágrimas y hasta un partido de fútbol-tenis con los invitados (menos Pelé), del hombre arruinado por la cocaína que balbuceaba en las entrevistas y desparramaba su oronda figura frente a cámaras que no soportaban un primer plano suyo, sólo quedaba el recuerdo.
La imagen distorsionada del que fuera ídolo de pies de barro durante los últimos años se transformó la noche del lunes en lo que muchos creyeron un programa de ciencia ficción. Maradona o, para mayor precisión, la mitad del antiguo y enfermo Maradona, se presentó flaco y en plena forma. «Lo mío no es un milagro. Lo mío es amor». Arrancó con la frase que elevó a las alturas a su ex mujer, Claudia, a sus hijas Yanina y Dalma, a sus padres, a sus hermanos..., a todo el clan Maradona, que se había instalado en primera fila de las gradas de Canal 13 (Multimedia Clarín).
Histórica reconciliación
Con la cabeza sobre los hombros y los pies firmes en la tierra, «El Diego» demostró, sin trampas ni ayuda de manos divinas,que es capaz de aprender a moverse en un plató como en un campo de fútbol. Y si se le antoja, hasta «cabecear» una pelota con el único futbolista en la historia que le ha hecho sombra, Pelé.
Ambos, después de años de distanciamiento, se premiaron con confesiones mutuas, una samba y un tango. «Se juntó con mala gente (...) Le engañaron (...)», respondió «el rey en la noche de Dios» sobre la detención de su hijo por sus vínculos con una red de secuestradores de deportistas.
«Un ejemplo también para su hijo»
Sin perder la esperanza, el monarca que nunca perdió el trono del balón aplaudió al futbolista venido en presentador y salido del infierno de la droga: «un vencedor, un ejemplo también para él (su hijo)».
Sólo hubo un momento de rubor, cuando Pelé se interesó por saber quién adulteró con un somnífero, años atrás, el agua que le dieron a beber al defensa brasileño Branco, anécdota que Maradona confesó hace meses. «Juro por mis hijas, que son lo que más quiero, que yo no fui (...) Se dice el pecado pero no el pecador (...) Yo no necesité dormir a nadie para ganar un juego».
Después de muchas sonrisas, algunas lágrimas y hasta un partido de fútbol-tenis con los invitados (menos Pelé), del hombre arruinado por la cocaína que balbuceaba en las entrevistas y desparramaba su oronda figura frente a cámaras que no soportaban un primer plano suyo, sólo quedaba el recuerdo.



