
Con el título de «Vamos al tiroteo, Versiones de un tiempo pasado», la bailaora sevillana Rafaela Carrasco y su compañía están paseando un espectáculo flamenco, presentado recientemente en Madrid, en el teatro Fernando Fernán Gómez, digno de todos los elogios y recomendaciones. Partiendo del disco «Canciones Populares», aquel prodigio del año 1931 en el que las investigaciones de Manuel de Falla y Federico García Lorca quedaron plasmadas en una histórica e inolvidable grabación de la Argentinita al cante y del propio Lorca al piano, Rafaela Carrasco, con sabiduría e inteligencia, ha reinventado aquella propuesta con su compañía y el resultado es sobresaliente. Estrenado en la última Bienal de Flamenco de Sevilla en la que consiguió el premio Giraldillo y el de la prensa a la mejor coreografía, la Carrasco ha sabido contemporaneizar el tema y el sentido de aquella propuesta histórica, pero sin traicionar a la madre, a la raíz jonda y abigarrada del flamenco que late en el original y en la manera de entender el baile de esta coreógrafa y bailaora de raza. Está llamada a hacer cosas importantes, visto este botón de muestra, si no se desvía por el camino bien por el exceso de contemporaneidad que ha acabado con otras promesas del flamenco aunque los hiciera muy famosos, bien por el purismo exacerbado que puede llegar a fosilizar cualquier disciplina.
Aunque la cabeza pensante, coreográfica y motoramente es ella, brillando sin lugar a dudas tanto en la propuesta escénica que defiende como en la ejecución flamenca, el equipo no va a la zaga con músicos reprobados como Jesús Torres, Juan Antonio Suárez «Cano», con voces ya más que probadas como la deAntonio Campos y Manuel Gago, y con un descubrimiento al cante que es la joven Gema Caballero, que no tiene nada que envidiar a la interpretación de la Argentinita y que pese a su corta edad, se hace gigante con su voz junto al piano.
El cuerpo de baile de la Carrasco despunta en cada uno de ellos, sobretodo porque la coreógrafa ha tenido a bien no convertir el baile flamenco en una cosa medida y adocenada sino que, aunque los cuadros y estampas en grupo son perfectas, no se llega al gregarismo del que adolecen la mayoría de los cuadros flamencos y sus cuerpos de baile.
Para los que hemos mamado el flamenco como en mi caso, gaditano de Jerez, sabemos que el arte del duende, como lo llamó Lorca, no puede ser gregario, aunque sí coral, y el individualismo, con las riquezas de cada uno de los excelentes bailarines, ha de brillar con sus características y aportaciones propias, dejándole vuelo, como ha hecho la Carrasco con su excelente cuerpo de baile, con sus cuatro bailaores. De un fuste indiscutible los cuatro, Ricardo López, José Maldonado, Pedro Córdoba, David Coria. Puntualmente, alcanzan un encanto singular que destaca aún más sobre el resto de los bailaores David Coria, sobretodo en el excelente paso a dos con Rafaela Carrasco, y el jovencísimo, José Maldonado que rompe con una estampa inusual en el flamenco, con una fuerza inusitada y un adornarse casi torero. Escenográficamente se rozan momentos de genialidad, como el pasaje del Café de Chinitas, tanto a la voz como en el baile, en el momento de las sevillanas del S: XVIII, con los cuatro bailaores con bata de cola, lo que recuerda a momentos estelares de las interpretaciones de Miguel de Molina en esa época de los treinta, no en vano el productor del espectáculo es Alejandro Salade, sobrino nieto del malagueño universal, o el imaginativo y emocionante momento del telón negro y rojo, como si fuera un mantón o un velo de oscuridad y sangre, que es sencillamente magistral. El cierre del espectáculo, con los músicos,Rafaela Carrasco y todo el cuerpo de baile echando el resto, en una especie de juego de tres en raya hecho con celosías de luces sobre el suelo, taconeo, e individualidad coral a compás, en lo que resulta sencillamente impagable. Es éste un montaje de cinco estrellas, que mereciera estar una larga temporada en las grandes capitales flamencas como Madrid, Sevilla, Málaga, Jerez o Barcelona, para ser disfrutadas sin prisas. Viendo espectáculos como éste, uno entiende de la fuerza milenaria del flamenco y de su vigencia, de su radical actualidad y de su emocionante belleza. Enhorabuena a Rafaela Carrasco y su compañía, por un trabajo tan bien hecho, tan serio y tan gozoso. Sencillamente imprescindible.
Escritor


