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«Madagascar», El cómic de la selva

Actualizado 17/06/2005 - 02:38:34

«Madagascar» cuenta la fuga de cuatro animales salvajes venidos a menos. Liderados por un cuarteto de intrépidos pingüinos, las bestias huyen de la rutina de un zoo de Manhattan y arriban a otra isla no tan turística, la africana del título. Es pronto para decir que la animación por ordenador ha tocado techo (o fondo), pero la técnica no basta, nunca lo hizo, para atar a la butaca al espectador de estos productos, por lo general pequeño y escurridizo.

La idea de agarrar a cuatro animales más o menos domesticados y soltarlos en medio de la jungla es digna del mejor libreto. El contrapunto de los elegantes «animales de negro» permite además llevar la acción (y a las bestias) allá donde desean los guionistas. El dibujo, menos acartonado por el realismo y más «acartunado» por un estilismo de cómic, es perfecto para transmitir emociones. Al fondo, la jungla de asfalto tranquila, pero opresora de un Nueva York de cine negro, contrasta con la selva libre y salvaje. Tampoco se prescinde de las habituales voces familiares, en el original y en la versión doblada. ¿Qué falta, pues? Obviamente, un guión más redondo.

El interés de «Madagascar» desfallece a ratos. Ni el león se desmelena cuando haría falta. Se echan de menos también segundas lecturas, más allá de los homenajes cinéfilos a títulos como «American Beauty» y «Carros de fuego». Y los pingüinos, rescatados por DreamWorks de otro proyecto, van a su bola, aunque ellos tiren del marcador durante buena parte del partido ante la desidia del cuarteto titular. Queda el hallazgo de los lémures, con su rey loco y marchoso, heredero directo del Louie que quería ser como tú (o como Mowgli, por lo menos). Cualquiera diría, por último, que las escenas de masas están dirigidas por un Cecil B. DeMille ayudado por Carlinhos Brown, y la isla parece sacada de un cuadro de Rousseau. Quizás el problema sea ese, que apenas hay nada que parezca propio. También puede que, antes de criticar un nuevo título así, haya que resolver el dilema anual: ¿es el nivel medio de estas películas tan elevado que les pedimos demasiado o su aspecto es tan aparente que incluso las peores reciben críticas benevolentes?

Pero esto no es salto de altura, con el listón en su sitio y los jueces sin pestañear. Aquí influyen los despertares tanto como los sueños y hay que echar mano de las comparaciones, cuanto más odiosas mejor. Como en el viejo chiste machista, «Madagascar» está... según con qué la compares.
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