Opinión de Asuntos Exteriores
Su diario publicó con fecha 16 de febrero un editorial que, bajo el título «Otro tropiezo diplomático», critica a la diplomacia española por su actuación a la hora de encauzar el drama humanitario del buque «Marine I». Me gustaría aportarle algunos elementos para que sus lectores estén en condiciones de juzgar por sí mismos.
Por razones humanitarias, España asume la responsabilidad de encontrar una solución a este drama, y en un tiempo excepcionalmente breve -antes incluso del desembarco en Nuadibu- logra cerrar acuerdos que implican a cinco países subsaharianos: Cabo Verde, Guinea Conakry, Liberia, Mauritania y Sierra Leona; con dos países asiáticos: Pakistán y la India; y con dos organismos internacionales: Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Por otro lado, se logra la implicación a fondo de la Unión Europea con intervenciones por parte de los comisarios de Cooperación, de Exteriores y de Justicia.
Paso a detallar el proceso. A pesar de las dificultades, España obtiene que Mauritania -nada tiene que ver con el origen del buque ni con la nacionalidad de sus pasajeros- acepte que la nave desembarque en su territorio a todos sus ocupantes y dé un plazo, que continúa, para resolver la situación. Cabe reseñar aquí, por otro lado, que España desarrolla en el presente una cooperación ejemplar con Mauritania en todos los ámbitos. Además, en la búsqueda de una solución al drama, se ha logrado la cooperación de un país de la zona, Guinea Conakry, que hasta ahora no había contemplado acuerdos de este tipo con ningún país. Sus autoridades aceptan readmitir a sus propios nacionales y hacerse cargo temporal de la totalidad del grupo de subsaharianos. Ante las adversas circunstancias por las que atraviesa Guinea Conakry, se ha logrado la cooperación de otro país de la zona, que ha aceptado acoger al grupo de emigrantes subsaharianos hasta que se normalice la situación, esperamos que muy pronto, en aquel país.
Otros dos países africanos, Sierra Leona y Liberia, han aceptado que sus propios funcionarios colaboren en la tarea de identificación del grupo subsahariano, con el compromiso de readmitir a aquellos que resultaran ser nacionales suyos.
En breve, se desplazará a Mauritania un funcionario de Bangladesh para colaborar en las tareas de identificación de los emigrantes de origen oriental. Se suma así a los funcionarios desplazados por la India y Pakistán, países con los que se inició la colaboración aun antes de que el «Marine I» desembarcase en Nuadibu. Además, por primera vez se han establecido multitud de precedentes en un asunto tan grave y complejo como el de la inmigración ilegal: se ha obtenido que funcionarios de algunos de los países con los que se habían cerrado acuerdos estuvieran a pie de barco en el momento en que se produce el desembarco de los emigrantes en Mauritania.
Nunca había sido tan intensa la colaboración con organismos internacionales como OIM y ACNUR. Nunca se había llegado a marcos de cooperación bilateral tan fuertes con los países con los que se han cerrado los acuerdos para resolver el caso del «Marine I». Se trata de una movilización que carece de precedentes en cualquier otro país y, por supuesto, en el nuestro en cualquier otra época anterior.
Manuel Cacho
Director general de Comunicación Exterior
«Trampa» en
las elecciones
En muchas ocasiones hemos comentado los amigos -y me figuro que mucha más gente- la incongruencia de las elecciones municipales, autonómicas o generales en cuanto a los «apaños» entre partidos para llegar al poder. Nuestra razón no nos permiten entender que, perdiendo las elecciones una formación política, pueda gobernar. Efectivamente, hay una ley que respetar, pero todas las leyes pueden modificarse si el consenso es mayoritario. ¿Por qué no piden opinión al pueblo para una decisión tan importante? Las coaliciones tiran por tierra al partido más votado y no pasa nada. Los votantes, en muchas ocasiones, perdemos «el norte» por estos desaguisados, y nos viene a la mente la posibilidad de no acudir a las urnas. Indudablemente, nuestra obligación es acercarnos a votar. Debemos tener esperanza en que, con buena voluntad y sin intereses particulares, los políticos nos den una alegría atendiendo las sugerencias de los pacientes ciudadanos.
Antonio Díaz Martín
Córdoba
Móviles en las aulas
La futura prohibición en la comunidad de Madrid de que los alumnos lleven móviles en las aulas ha sido ampliamente comentada en los medios. Una opinión sostenida por muchos es la siguiente: «Yo no soy partidario de las prohibiciones; lo que hay que hacer es educar en el sentido de la responsabilidad». Creo que se equivocan.
Las prohibiciones, desde pequeños, contribuyen a educar a los niños en el sentido del límite y de la disciplina, para que aprendan que hay cosas que se pueden hacer y otras que no. Esto equivale a ir formando su conciencia moral, ya que sin ella no se puede educar para que se adquiera una responsabilidad. Sin prohibiciones no hay base para los castigos, y sin castigos es muy difícil exigir responsabilidades. Por otro lado, la permisividad hace a los menores esclavos del capricho. Hace unos años se puso de moda el sistema pedagógico de Summerhill, fundamentado en una visión angelista del ser humano y caracterizado por la ausencia de prohibiciones y la permisividad educativa. Fracasó estrepitosamente. De sus influencias en la Logse estamos sufriendo los resultados.
Javier Castro Dono
Vigo


