Un singular espectáculo de danza sirvió ayer para escenificar en La Moncloa la entrada en vigor del protocolo de Kioto. Cargado de simbolismo y buenos deseos, naíf y de rancio aire new age, el espectáculo constituyó una prometedora representación coreográfica de esa «Alianza de Civilizaciones» que patrocina el presidente del Gobierno y toma cuerpo en bellas palabras y -cuando la ocasión lo permite- hermosos bailes. Lástima que la danza del nuevo mundo no logre disimular promesas tan huecas como la del fin de la energía nuclear, que, antes de que lo anunciase Zapatero, ya tenía plazo.


