LA mejor campaña por Europa es la que no existe. Nos podíamos haber ahorrado el referendum sobre un texto abstruso y la campaña con su previsible abstencionismo para un resultado no vinculante. Nos podíamos haber ahorrado los cuartos, unos euros preciosos para remediar problemas de ahora mismo como el chapapote geológico del Carmel. Nos podíamos haber ahorrado el populismo zapateril del pasado viernes y el fiasco del mitin a favor de la Constitución europea con el escaqueo de Schröeder y Berlusconi, refugiados en la gripe y la verborrea del comediante Chirac heredero del palaciego Giscard, aquel desayunaba con diamantes... de Bokassa.
Que los mandatarios europeos tomen nota del magnate George Soros, el hombre que financió en Estados Unidos la alternativa Kerry: «Europa no puede permanecer en esa posición cómoda de sermonear sin ofrecer una alternativa creíble a lo que critican. La Unión Europea podría presentar un modelo propio y convincente de actuación de cara a ampliar la base democrática en el mundo, a combatir el terrorismo, un modelo para Irak, para los Balcanes o para Ucrania... Europa no tiene razones para seguir sin encarar los retos políticos de su entorno, por ejemplo una solución para Serbia y Montenegro o para una democratización de Bosnia, porque si no su imagen se va resistiendo a los ojos de la gente del Este...» Divinas palabras las del financiero prodemócrata... La gauche caviar y Moratinos, ese bulto sospechoso que se dedica abordar políticos en cinco minutos, debieran esculpir sobre mármol antes de seguir escupiendo antiamericanismo asambleario.
Y puestos a ahorrar, que es virtud muy catalana, nos podríamos haber ahorrado el lamentable espectáculo de un tripartito en el que la voz del sí la entonan los socialistas, mientras que los ecocomunistas «no són d´eixe món» y los republicanos se unen al discurso lepenista: «en Europa no ens volen». Nos podríamos haber ahorrado la demagogia habitual de Carod-Rovira con ese spot del reloj que marca las horas de la sinrazón. Nos podríamos haber ahorrado la imagen de Clos con ese canto panglossiano a «un continent, una terra de prosperitat» o la salmodia de Joan Herrera en el programa de «La nit al dia», más adecuada al duermevela que para encarar un presente europeo cada vez más complejo. El reloj republicano marca las horas al revés cuando entre sus «poderosas razones» para el NO escuchamos cosas como que «el incremento del gasto militar no puede ser una obligación de la Unión Europea...»
Nos podríamos haber ahorrado el eterno retorno a los tópicos que siguen abonando nuestro politiqueo. Aunque no todo ha sido redundancias. La campaña europea llevó a Zapatero por el asfalto agujereado del Carmel. Llovían los millones de euros y los denuestos hacia los gobiernos municipal y autonómico. Tanta teología sobre el nuevo Estatuto y la autodeterminación para que los ciudadanos barceloneses del Carmel se abracen al presidente español. Y mientras se abrazaban a Zapatero y su sonrisa oportunista de Míster Bean, Carod Rovira, en lo suyo: atacaba el SI a la constitución que promueven Zapatero y Rajoy «com bons espanyols...» Si el líder republicano es un buen catalán y ama de veras a su tierra... ¿Por qué no se acerca al Carmel y deja por un momento la retórica independentista para aterrizar sobre los problemas reales? ¿Por qué no deja de un lado la revolución pendiente y calibra la pendiente de las calles del Pijoaparte?
Decíamos que este referendum europeo era del todo innecesario. Que la mejor campaña debía estar en la escuela y la despensa. Pero a Carod y los ecocomunistas les ha ido de perlas. El republicano se quejaba de que había de chuparse todos los mítines: buena excusa para el escaqueo. Y, si no, habría cogido la gripe como Schröder. Tenía el virus a punto, por si acaso.



