EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL
LONDRES. Un programa que controla el sudor, la respiración y la expresión facial de quien está al ordenador, y que puede aportar datos a los superiores en la cadena de trabajo sobre la productividad, la situación anímica y la competencia laboral, es el nuevo objetivo de Microsoft. El gigante informático ha presentado una solicitud ante la Oficina de Patentes de EE.UU., y en apenas un año este nuevo «software» podría estar en el mercado.
El sistema, que otorgará poderes de «Gran Hermano» a quienes centralicen la información que el programa facilite, medirá el metabolismo del usuario del ordenador por medio de sensores inalámbricos instalados en éste. Dichos sensores podrán recoger el ritmo cardiaco, la temperatura del cuerpo, las señales cerebrales, los movimientos corporales y la presión sanguínea, entre otros elementos, lo que ofrecerá a la dirección de la empresa que tenga instalado este software, en tiempo real, información sobre el estado físico y vital de sus empleados. Detectará situaciones de frustración personal o estrés, somnolencia o indisposiciones que impidan una mayor productividad.
Hasta ahora, tecnología que permitiera este grado de seguimiento de las constantes de otras personas sólo se ha aplicado en campos muy específicos, en los que el perfecto estado de los implicados en determinadas actividades es esencial para su seguridad y la de personas a su cargo. Éste era el caso, por ejemplo, de astronautas, pilotos y bomberos.
Primeras protestas
El informe presentado para solicitar la patente fue difundido ayer por «The Times», y rápidamente hubo protestas de grupos de defensa de las libertades individuales y de fuerzas sindicales, dado el riesgo de que el nuevo software se utilice para un mayor control de las personas. Microsoft no quiso pronunciarse al respecto, y se limitó a indicar que continuamente está solicitando nuevas patentes -tiene unas 7.000 en todo el mundo- para mejorar la calidad de sus servicios.
El programa, denominado «Monitoring System 500», no sólo funcionaría en ordenadores de mesa o portátiles, sino que otras versiones podrían instalarse en teléfonos móviles, de forma que el control sobre su usuario se extendería más allá de su lugar de trabajo y del horario laboral. El documento, de 17 páginas, presentado al Registro de Patentes estadounidense lleva por título «Vigilando la actividad de grupos», y explica el funcionamiento del programa con diez diagramas. Menciona que una versión más avanzada incluso podría llegar a determinar los intereses privados de los individuos.
Según el memorándum de Microsoft, «este sistema puede detectar automáticamente las frustraciones o el estrés en el usuario por vía fisiológica y sensores medioambientales, o proveer cierta asistencia» que corresponda a esa situación.
Detectará las mentiras
Además, sabrá si mentimos o no ya que puede medir la respuesta galvánica de la piel, es decir, su conductividad eléctrica, que depende de la actividad de las glándulas sudoríparas. Este el principio aplicado en los polígrafos o máquinas de la verdad.
De entrada, el programa otorga a cada usuario una franja de valores centrales, determinada por características comunes que se adaptan al individuo en función de su peso y sus habituales contantes. A partir de ellas quedan expuestas las anomalías, que varían de una persona a otra. Así, Microsoft precisa que «un elevado ritmo cardiaco mientras se cumplimenta la declaración de la renta puede ser considerado normal para un usuario, pero no en otro».
«Al usuario se le puede proveer de todos estos datos de relaciones entre estadísticas sobre rendimiento, índice de éxito, frecuencia de problemas y similares, o bien pueden ser utilizados para fijar metas de éxito, rendimiento o eficacia respecto a otros usuarios», se indica en el proyecto. Con esta información, las empresas estarían en condiciones de «comparar la productividad de la gente que trabaja en similares actividades y encontrar al mejor personal para esos quehaceres, así como futuras asignaciones de trabajo».
Entre las voces de protesta ya aparecidas está la de algunos expertos en protección de datos. El abogado Hugh Tomlinson, de la firma Matrix Chambers, ha advertido que «el sistema implica intrusión en cada simple aspecto de la vida de los empleados, y hace emerger serias dudas sobre la cuestión de la privacidad».
Llevada la hipótesis a su extremo, si en lugar de una empresa es el estado, o la Policía, quien controla este programa se habrá hecho realidad la utopía del «Gran Hermano» ideada por Orwell.



