Carlos Herrera ha cogido al vuelo la declaración de Guevara sobre la identidad vasca de Navarra. Es claro que el ex peneuvista ha querido lanzar una sonda a la militancia socialista, vasca y navarra, y cabe pensar que lo ha hecho con la aprobación de Patxi López y de Jesús Eguiguren.
¿Por qué Navarra ahora?
Porque los socialistas están en negociaciones con ETA desde hace tiempo, y para ETA la inclusión de Navarra en el País Vasco es absolutamente prioritaria. No cabe imaginar unas conversaciones entre socialistas y etarras sin tratar a fondo la cuestión navarra.
Tengo la impresión de que el mensaje de Guevara ha podido gustar a los socialistas vascos y no ha escandalizado a los socialistas navarros. Si acaso, habrán tomado unos y otros buena nota, y ya estarán buscando argumentos para justificar su nueva postura. Por otra parte, no tendrán que ser muy oportunistas en el caso de que se pasen a las tesis de Guevara. ¿Acaso no estaban los cuatro territorios en el PSOE de Benegas y Damborenea? Así que en absoluto les repugnará esta reconsideración espacial de Euskadi a quienes ya la mantenían en los años setenta. No tendrán sino que volver a retomar la abundosa historiografía tradicional y moderna, según la cual el País Vasco es una prolongación histórica del reino de Navarra.
Para José Miguel de Azaola, «Navarra es la principal de todas las partes de Vasconia; la verdadera cabeza del País Vasco» («Vasconia y su destino». Alianza Editorial). Según él, hubo un tiempo en que se llegó a llamar vizcaínos a guipuzcoanos y alaveses, e incluso a los vascófonos de Navarra, del mismo modo que se llama «ingleses» a todos los naturales del Reino Unido o Gran Bretaña. En todo caso, ¿qué importancia pueden tener unas teorías u otras cuando aquí todo se ha supeditado a un proyecto etnicista impuesto en unos tiempos con la fuerza del poder social y en las últimas décadas con el terror?
Un giro de los socialistas hacia esta vieja y nueva concepción del País Vasco supondría un paso más en su reconciliación con los nacionalistas de un signo y de otro, y su conversión al abertzalismo: la fusión de las dos almas en una sola. Y, ¡por fin!, un territorio considerable. ¿Qué menos para un Estado aunque éste no pase de ser un-Estado-libremente-asociado-al-español?
Pero el argumento que les puede resultar más convincente a los socialistas vascos y navarros es el de que la consideración de Navarra como País Vasco deja fuera de juego al PP. Que es de lo que se trata. Aquí no hace falta un pacto de Tinell.



