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Hallan el templo que el emperador Adriano dedicó a la memoria de Antinoo

Después de la trágica muerte del joven -se ahogó en el Nilo-, Adriano fundó una ciudad con el nombre de su amigo y difundió su imagen por todo el Imperio

Actualizado 16/11/2002 - 00:10:13
Los escultores inmortalizaron así a Adriano. ABC
Los escultores inmortalizaron así a Adriano. ABC
ROMA. Las melancólicas ruinas de Villa Adriana han entregado por fin su secreto: el templo dedicado al joven Antinoo, a quien el emperador Adriano declaró divino después de su trágica muerte en un río de Egipto y cuyo culto esteticista difundió por todo el Imperio. Los cimientos del templo recién descubierto consisten en una enorme estructura semicircular contigua a una de las puertas de la inmensa villa del emperador, situada en las colinas de Tívoli, a unos 30 kilometros de Roma.
El rostro agraciado de Antinoo es universalmente conocido gracias a su representación en millares de estatuas, medallas, monedas y camafeos creados por la insistencia de Adriano en el culto a su joven amigo, ahogado en el Nilo, no se sabe si por accidente, asesinato o suicidio. En la villa del emperador, el perfil de Antinoo era un elemento decorativo dominante, pero los arqueólogos han sospechado siempre que Publio Elio Adriano, el emperador culto y refinado que vino de Hispania, le habría dedicado algo más.
Según la superintendente de Arqueología de la Región del Lazio, Ana Maria Reggiani, «la historia de estas excavaciones ha estado llena de peripecias, pero ahora estamos seguros de que hemos encontrado el templo de Antinoo. Es el descubrimiento más importante en esta zona en muchos años». Otros arqueólogos, en cambio, prefieren esperar a que los restos del edificio hayan salido completamente a la luz antes de pronunciarse, e incluso el director de la excavación, Zaccaria Mari, prevé que «esto va a provocar multitud de polémicas».
El templo semicircular monumental ha sido datado en el año 134 de nuestra era, poco después de la muerte del joven en Egipto, donde el emperador Adriano le dedicó solemnes funerales y fundó una ciudad, Antinoopolis, para perpetuar su memoria. Según el arqueólogo Zaccaria Mari, los restos del edificio contienen «fuentes y plantas, hornacinas para estatuas y fragmentos de mármol, algunos con jeroglíficos egipcios. Identificarlo como el templo a Antinoo dará lugar a muchas discusiones, y la respuesta definitiva se tendrá en excavaciones posteriores».
Admirador de la estética griega
A lo largo de su reinado, del año 117 al 138, Adriano recorrió el Imperio fundando y reconstruyendo ciudades al estilo de la estética y la arquitectura griegas, cuyos cánones adoraba. Fue, probablemente, uno de los emperadores más cultos como lector, urbanista, arquitecto, artista y poeta. Margarita Yourcenar estudió a fondo su biografía y las ruinas de Villa Adriana para entrar en su alma artística y escribir las «Memorias de Adriano», en las que relata su vida, su pasión por la belleza y su empeño por convertir las principales ciudades del Imperio en templos de cultura.
La inmensa villa imperial que se extiende por las colinas y laderas cercanas a Tívoli con sus jardines, teatros, bibliotecas, estanques, termas y palacios en medio de una vegetación que intenta volver a ocultarla, fue expoliada de sus tesoros artísticos por Constantino, que se llevó lo mejor a Constantinopla, así como por los bárbaros y por sucesivas familias nobles romanas. Aun así, los Museos Vaticanos conservan el Discóbolo de Mirón y el Museo Capitolino, el Mosaico de las Palomas, entre otras piezas únicas. El gran mausoleo circular de Adriano a orillas del Río Tíber es conocido por la estatua que domina los edificios construidos encima, como Castel Santangelo.
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