La obsesión por ayudar a los demás le ha acompañado durante toda su vida, cuando ejercía de misionero y después, al colgar los hábitos. Desde 2003 trabaja en Burkina Fasso con la ONG «Bibir», pero antes estuvo en Malí y Ghana inmerso en otros proyectos de cooperación. Su joya de la corona es el CREN (Centro de Rehabilitación y Educación Nutricional), una unidad que brega día a día para combatir las frecuentes hambrunas en el país.
-Llega usted de un país exótico cuando mucha gente se va de vacaciones a estas zonas....
-Te equivocas. Llego de vacaciones a un país exótico. No te imaginas lo exótico que puede ser la ciudad y su ritmo frenético, comparado con allí.
-¿Como se metió usted en este mundo? ¿Quizás por la formación religiosa que tuvo?
-Creo que sí, la palanca fue mi vocación. Ese tipo de «background» fomenta estas actitudes en las personas que tienden a ayudar a los demás. Antes como misionero y ahora trabajando en Bibir, en una ONG, ayudar a los demás ha sido la piedra angular de mi vida. Imagínate: ahora tengo un niño de cuatro años que cuando nos fuimos a Burkina tenía sólo tres meses...nos lo llevamos a un sitio que no había nada, con tres meses. Y por eso la gente me dice «Tu vives para Bibir, es tu vida, lo quieres más que a tu propio hijo». Y tienen parte de razón.
-¿Cómo fue su primer contacto con África? ¿Y su adaptación?
-Fue un poco casual pero me marcó. Cuando yo estaba en la universidad, visité a mi tío que era misionero en África. Y tenía su casa repleta de objetos de allí. Mapas, fotografías,. etcétera. Fue como un flechazo. como un amor a primera vista. Así que el encuentro fue casual pero me marcó. Y desde entonces, desde 1977, he estado vinculado a África. El primer contacto es el que puede tener cualquier turista. Pero hay otra actitud: Oler. el olor es lo más llamativo en el primer contacto. Y la vista: todos los colores, la movilidad. Y el calor: sólo bajar del avión es como si metieras la mano dentro del horno, como si toparas con un muro de calor.
-¿Por qué colgó los hábitos?
-Fue una decisión gradual, de 1995 a 2001, imagina. Estando en Ghana conocí a una mujer, se llamaba Mae. Empezamos una relación y en 2000 decidimos darnos un año. Después fue cuando decidí pedir la dispensa, porque queríamos casarnos. Fue curioso porque cuando la pedí me preguntaron por qué renunciaba. Y les dije la verdad: Quería casarme con una mujer. Me contestaron que no era razón suficiente. «No tengo otra y no me voy a inventar ninguna, así que hagan lo que quieran» respondí. A los ocho meses recibí la notificación de que me la habían concedido.
-Por qué Burkina Fasso?¿Cómo es la cotidianidad allí?
-Pues porque Burkina es el tercer país más pobre del mundo y hay cierta estabilidad política desde 1987. El día a día está muy marcado por las condiciones climáticas: calor, frío, lluvia... No es lo mismo ser agricultor allí que serlo aquí, es mucho más duro.
-¿Condiciona el hambre todo lo demás?
-Lo condiciona absolutamente todo. Estamos hablando un país en el que, grosso modo, uno de cada cinco niños no llega a los cinco años.
-¿Qué resultado han dado sus proyectos?
-Mira, desde 2005 hasta junio han pasado por el CREN 387 niños. 387 niños que se han salvado. Esto sólo representa la décima parte de los niños que necesitan atención.El resto de niños no pudieron, no pudimos salvarles. En definitiva, atacamos las raíces del hambre allí donde están.
-¿Cuáles son estas raíces?
-Bajo mi punto de vista son dos: Pobreza e ignorancia. Ignorancia por la falta de higiene, porque los medios los tienen. Muchas mamás preparan en Burkina papillas para sus bebés igual de nutritivas que las de aquí, con plantas locales. Y luego hay un problema de corrupción. Pero no olvidemos una cosa: siempre nos fijamos en el corrompido y decimos «Qué malo que es». Pero ¿Y si miramos al que corrompe? En esa dirección no queremos ir.
-¿Qué se siente al enfrentarse cara a a cara con el hambre?
-Cuando le coges la mano a un niño desnutrido, o cuando se nos muere alguno...no se puede explicar. Sentimientos quizás de impotencia, rabia, tristeza y cuando fallece alguno, un profundo respeto por una vida que no pudo ser.
-¿Están las ONGs en crisis?
-No. Lo que está en crisis es la confianza de la sociedad hacia las ONG y por dos motivos: Malas prácticas de algunos y por la manera de enfocar los problemas por parte de los medios de comunicación. Necesitáis un sólo mensaje, mediatizar una idea. Pero dentro de nuestro trabajo hay de todo. En Burkina, por ejemplo, hay más de 500 ONG y te encuentras absolutamente de todo.
Más información en www.bibir.org o en el teléfono 902.405.505.