El traspaso de poderes en la cumbre administrativa de la Iglesia tuvo lugar ayer en Castelgandolfo con la toma de posesión del nuevo secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, quien coordinará tanto la actividad interna como las Relaciones Exteriores, encomendadas ahora al arzobispo francés Dominique Mamberti.
Con la ceremonia de ayer comienza de verdad la cascada de nombramientos para formar la Curia de Benedicto XVI y llevar a cabo un «adelgazamiento» del esquema organizativo que aumente su operatividad.
Reajuste de cargos
La salid del secretario de Estado, Angelo Sodano, al cabo de un mandato de 15 años -uno de los más largos de la historia- supone una verdadera revolución, pues pone sobre el tapete la disponibilidad de los demás miembros de la Curia para el reajuste de cargos y de organigrama que Benedicto XVI llevará a cabo con la ayuda del nuevo secretario de Estado. Aunque el Papa ha dejado pasar casi año y medio antes de hacer el relevo más significativo de su Pontificado, el tiempo transcurrido le ha permitido examinar en profundidad el complejo organigrama del Vaticano con vistas a una simplificación que lo haga más sencillo y eficaz.
En la emotiva ceremonia a la que asistieron todas las personas que trabajan en el núcleo de gobierno de la Iglesia, Benedicto XVI se refirió al secretario de Estado como «mi primer colaborador» y agradeció la tarea realizada por el cardenal Angelo Sodano, quien permanecerá en todo caso en la Curia romana como Decano del Colegio Cardenalicio y miembro de dos congregaciones importantes: la de los Obispos y la de la Doctrina de la Fe.
En ambientes vaticanos se sabe que el cardenal Sodano, a pesar de tener 78 años, se considera todavía en buena forma física y le hubiera gustado continuar en el cargo durante algún tiempo más, pero un año y medio con el nuevo Pontífice ha sido tiempo más que generoso para preparar la transición.
Equilibrios internos
Por una serie de equilibrios internos, el relevo del secretario de Estado del Papa -que se ocupa del gobierno de la Iglesia- se produce simultáneamente al relevo del Gobernador de la Ciudad del Vaticano, cargo que ahora ejercerá el arzobispo italiano Giovanni Lajolo, nuevo responsable de la parte «material» de lo que se ve, en cuanto territorio y edificios, al contemplar el Estado más pequeño del mundo. Lajolo, que ha desempeñado durante dos años la jefatura de la diplomacia vaticana, deja esa tarea en manos del arzobispo francés Dominique Mamberti.
El nuevo secretario de Estado, Tarcisio Bertone, reiteró ayer su absoluta fidelidad al Papa, de quien fue ya «mano derecha» durante siete años como secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe entre 1995 y 2002. Bertone, que ha sido arzobispo de Génova durante los últimos cuatro años, reconoció ante el Papa ser «muy consciente de la pesada responsabilidad» que asume, así como «de la gravedad y la complejidad de las cuestiones que deberé afrontar día a día». El cardenal salesiano es muy jovial, y su sonrisa contrastaba ayer con el gesto adusto de su predecesor.
Dos tareas fundamentales
El secretario de Estado ocupa el puesto «número dos» del Vaticano, directamente a las órdenes del Papa, para quien desempeña dos tareas fundamentales. La primera es coordinar la actividad de los dicasterios (departamentos) de la Curia, con la ayuda del llamado en italiano «sostituto» o «vicesecretario» de Estado, un puesto a medio camino entre un ministro del Interior y un jefe de gabinete del Papa, pues todos los papeles de la Curia pasan por sus manos y normalmente despacha cada día con el Pontífice. El cargo está en manos del arzobispo italoargentino Leonardo Sandri, de quien podría pasar quizá al rector de la Pontificia Universidad Lateranense y obispo auxiliar de Roma, Rino Fisichella.
La segunda tarea del secretario de Estado es coordinar la diplomacia vaticana con la ayuda del secretario para las Relaciones con los Estados, que ha partir de hoy es el arzobispo francés Dominique Mamberti. El esquema de la secretaria de Estado se completa con los nuncios en los distintos países, quienes desempeñan también una doble tarea: la de gobierno de la Iglesia como enlaces entre el Papa y los obispos, en cuya selección juegan un papel muy importante, y la de representar al Papa ante los Gobiernos. El trabajo, para todos, no va a faltar.



