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Casimiro Curbelo El sátrapa de La Gomera

Ni el iracundo Juan Fernando López Aguilar pudo con él, y tuvo que respetar escrupulosamente su parcela de poder mientras lideró al PSOE canario. ¿Cómo combatir con los pretendidos postulados de la

Actualizado 16/05/2010 - 02:33:27
Ni el iracundo Juan Fernando López Aguilar pudo con él, y tuvo que respetar escrupulosamente su parcela de poder mientras lideró al PSOE canario. ¿Cómo combatir con los pretendidos postulados de la transparencia y el buen gobierno a quien responde con la contundencia de las urnas? ¿Hay un argumento que pueda rivalizar con alguien que es capaz de pagar los funerales de los paisanos que mueren fuera de su tierra?
Un político peculiar donde los haya, el presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo, se ha convertido en una especie de reyezuelo de su propia isla por mor de las décadas que lleva al frente de esa corporación. Cabe preguntarse qué se esconde detrás de su figura para que siga siendo el valor más seguro del socialismo canario. El también senador -aunque hasta ahora haya abierto la boca en Madrid sólo para jurar su cargo- ha sabido llegar a los ciudadanos con sus paternalistas políticas de corte social. Y todo transmitido por su propia televisión y radio, dedicada en exclusiva a detallar las bondades del sistema. Subvenciones, abundante empleo público -cada nuevo contrato es firmado por él personalmente-, fondos generosos a la comunidad gomera residente en Venezuela en pos del codiciado voto exterior y libros de texto gratis para todos son elementos tenidos muy en cuenta a la hora de apoyarle en las urnas. Sorprende a todo interlocutor de fuera de las islas cuando se entera de que, en plena crisis, una institución corra con todas la obligaciones económicas y trámites administrativos que comporta traer un cuerpo desde el exterior. Para que a los gomeros la muerte les salga gratis, el Cabildo destinará 1,6 millones de euros entre 2009 y 2012, según el BOE del 6 de marzo de 2009. Eso sí, a Curbelo la guerra contra los crucifijos de sus compañeros de partido no parece importarle mucho: cada féretro, según el pliego, debe llevar una cruz y una figura de Cristo.
El presidente gomero pertenece a ese club de responsables públicos inmunes a los vaivenes de sus partidos. Con el tiempo, se ha convertido en un emblema del socialismo conservador canario -por contradictorio que suene esto- y una auténtica pesadilla electoral para Coalición Canaria, que nunca ha conseguido hincarle el diente, con la pena de no haberlo podido fichar a tiempo. Posiblemente pase por ser una de las personas con más tiempo a cargo de una institución en España, y así como se ha hablado siempre de la Andalucía de Chaves, de la Castilla-La Mancha de Bono o de la Extremadura de Ibarra, también es factible hablar de La Gomera de Curbelo, que desde principios de los 90 ha ganado sin despeinarse elección tras elección.
Con mano firme, su estilo de gobierno ha contaminado todas las esferas de la vida pública y hoy es casi un modo de vida para los gomeros, que han debido acostumbrarse a sus rasgos autoritarios, su paternalismo y su indisimulada vocación de poder absoluto. Sus detractores ven en él a un continuador, salvando las distancias, de una de las más ominosas tradiciones ya olvidadas en esta isla canaria, el derecho de pernada.
Hoy su figura es cuestionada, tras destapar ABC el escándalo de corrupción en el que se ve implicado desde 2007 su ex consejero de Medio Ambiente, Javier Trujillo. Inicialmente, la Fiscalía Anticorrupción, a pesar de tener en su poder indicios que pudieran implicar al presidente del Cabildo, evitó iniciar cualquier procedimiento que supusiera relacionar a Curbelo con los tejemanejes de su consejero, que, a día de hoy, aunque sin áreas a cargo, sigue siendo parte de la corporación.
Sin embargo, hace tres semanas, el juzgado que instruye esta causa recibió de la Guardia Civil un duro informe que señala a Curbelo como autor de un presunto delito de tráfico de influencias, dentro de una aparente red de calificaciones territoriales en torno al desarrollo del turismo rural en distintos puntos de la isla. Su actual vicepresidente, Gregorio Medina, también estaría atrapado por la espiral de la corrupción ya que la investigación se detiene en un momento, junio de 2005, en que ejerció como presidente accidental del Cabildo. Fue entonces cuando dio luz verde a unos proyectos medioambientales presentados por Trujillo que son, precisamente, los que conforman el meollo judicial que, hasta la fecha, Curbelo había conseguido eludir sin apenas rasguños.
Pero Curbelo sigue confiando en su éxito en las próximas elecciones. Un destacado miembro del PP isleño cuenta una anécdota que retrata la situación. En plena campaña electoral de 2003 y antes de dar un mitin en la isla, para un taxi en la calle. El chófer, emocionado, confiesa: «En casa, con mi mujer, lo vemos siempre en la tele; lo admiramos mucho». El dirigente del PP le pregunta si pensaba votarlo. La respuesta, previsible: «No, no, el voto es otra cosa, y va para Casimiro». Días después, se encontró con el propio Curbelo, que sin sorprenderse, sin pestañear, apostilló: «Ya sé quién es ese taxista».
POR JUAN VELARDE / BERNARDO SAGASTUME
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