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ABC en el París de las barricadas

POR MANUEL DE LA FUENTEFOTO: SIGEFREDOMADRID. Apenas llevaba un mes en la Ciudad de la Luz, cuando los estudiantes parisinos empezaron a levantar los adoquines del Barrio Latino en busca del mar

Actualizado 16/04/2008 - 09:34:24
Apenas llevaba un mes en la Ciudad de la Luz, cuando los estudiantes parisinos empezaron a levantar los adoquines del Barrio Latino en busca del mar, aquella utopía que hizo tremolar las banderas de esa revuelta (con causa, con muchas causas y algún efecto) que fue el Mayo del 68. José Julio Perlado fue el hombre de ABC en aquellos días, en aquellas barricadas que hicieron temblar (cuarenta años después sólo parece un tembleque, un baile de San Vito) la civilización occidental.
Han pasado cuatro décadas, pero las crónicas de Perlado (recogidas en «París, mayo 1968. Crónica de un corresponsal», Ed. Internacionales Universitarias, y en el blog http://misiglo.blogspot.com/) siguen vivas, coleando, y el tiempo no ha hecho sino subrayar en rojo su autenticidad, su valía (y su valentía, España no era un broma en 68) y su urgencia exacta.
Perlado llegó a París y el 4 de abril publicaba su primera crónica («De Gaulle no ha ocultado su cauta esperanza ante la ofensiva de la paz lanzada por Johnson», comenzaba), un momento en el que «no tenía ni idea de que iba a suceder algo parecido». Entre pedradas, cócteles molotov y gases lacrimógenos, Jose Julio Perlado y ABC tuvieron que dar sus primeros pasos en la capital.
«Siempre, lo primero que tiene que hacer un periodista es transmitir, esté dónde y cómo esté. Lo primero que hice fue alojarme en un hotel cercano a una oficina de télex. Luego, cuando iba al Barrio Latino con los estudiantes y me alejaba de la oficina, buscaba un teléfono fijo en un bar. Muchas veces escribí a mano, apoyado en una pared, o con la máquina de escribir sobre el coche».
Aquí en Madrid, en la calle de Serrano, en la sede de ABC, debieron pensar, vaya, vaya, o este Perlado quiere hacer méritos y convertirse en redactor jefe, o se le ha ido la cabeza... «Qué va, que va ... Mis crónicas se esperaban con expectación, me comentaban que las seguía todo el mundo en Madrid, incluido el embajador francés. No, no me tomaban por un loco, lo que me decían era, ¿Perlado, esto va a ser otra vez la Comuna de París?».
Tuvieron que ser jornadas de vértigo, humano y profesional, ¿verdad compañero? «Viví momentos muy bonitos, intensos e interesantes. Por poner un ejemplo, recuerdo que iba con mi mujer a comer al hotel, y vi a los estudiantes cruzar el puente camino del Barrio Latino. Entonces le dije, súbete a comer, que voy a seguirlos un poco... y volví al día siguiente».
Nunca en la historia de ABC se le ha tocado una coma a un corresponsal, ni siquiera cuando en la España de 1968 (hacía un mes que Masiel había ganado en Eurovisión, pero el horno no estaba ni mucho menos para bollos) en nuestras páginas se podía leer «barricada», «huelga», «estudiantil»... «No, no hubo ninguna censura por parte del periódico. Es más, agradezco mucho que un día en un editorial se escribía que no estaban de acuerdo con mi crónica, que «la postura de ABC no es exactamente igual que la de nuestro corresponsal», pero en el mismo editorial se remitía a mi crónica».
Una ciudad en llamas
París, desde luego, no era una fiesta. «Imagínese, la Sorbona y muchas comisarías incendiadas... No fue una revolución, pero sí una revuelta considerable. La revuelta se sabe de dónde viene y no se sabe adónde va, pero no cambia las instituciones y la revolución sí lo hace. Aunque pudo serlo, porque hubo un momento en el que si los obreros y estudiantes se unen y marchan sobre el Elíseo, allí no había nadie».
Tenemos en la retina los campus norteamericanos, donde los estudiantes radicales eran tipos de pelo largo, barbudos, imbuidos a partes iguales de Ginsberg, de Marcuse, las drogas y el rock and roll. Sin embargo, los estudiantes parisinos parecen unos sencillos personajes de una película de Truffaut, «chicos normales, de clase media, que ni siquiera sabían muy bien lo que querían».
Como suele ocurrir en periodismo, si no quieres chocolate, pues dos tazas. De forma que mientras José Julio Perlado lidiaba con el toro del 68, al periodista, maestro y compañero le salió por toriles otro descomunal morlaco informativo, la Conferencia de Paz sobre Vietnam. «Tenía que pensar que era más importante para ABC y para España. Y lo de Vietnam era realmente pesado: ver discutir a unos orientales y a unos americanos, que sólo avanzaban una frase en toda una mañana, que discutían hasta por la forma de la mesa».
Del arte al artefacto
Las calles de aquel lejano (casi remoto) París tuvieron un escenario dramáticamente mítico para la catarsis de la revolucion. Síntesis, tesis y antítesis, Hegel y los Beatles, la imaginación al poder y la sangre en las barricadas, Proudhom y Godard, los molotov y Serge Gainsbourg, «okuparon» (esta «k» nació más o menos por ahí) el teatro Odeón, símbolo de la cultura francesa, dirigido por un monstruo de la escena, Philippe Soupault. Y Perlado allí, en un palco, «como un personaje de Beckett o Ionesco, viendo discutir a los estudiantes con los obreros, a los obreros con las amas de casa... no sin razón se ha dicho que el Mayo del 68 fue una verborrea perpetua».
Palabras mayores las de Perlado, los ojos de ABC, y de España en aquel mes en el que nuestros hermanos mayores fueron muy realistas, tanto que pidieron lo imposible.
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