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Hacer caja con TV3

EN los últimos años se ha ido imponiendo entre buena parte de la llamada clase periodística el uso y la costumbre del «córtese y péguese». Decenas de gabinetes de prensa sufragados por gobiernos

Actualizado 16/01/2008 - 02:49:18
EN los últimos años se ha ido imponiendo entre buena parte de la llamada clase periodística el uso y la costumbre del «córtese y péguese». Decenas de gabinetes de prensa sufragados por gobiernos locales, comarcales, provinciales, autonómicos, nacionales y del mundo mundial; por entidades financieras, sociedades mercantiles y multinacionales; iglesias y credos; clubes deportivos; parques temáticos, grandes almacenes y «tutti quanti», facilitan a diario -y en muchos casos suplen- la labor de decenas de periodistas, al menos de todos aquellos que se dejan llevar por la moda creciente de que sólo es información la que nos llega por el fax o los correos electrónicos. Triunfa, por tanto, el triste y aburrido periodismo de corte y confección, que nada tiene que ver con la verdadera información de interés para el ciudadano, aquella que se obtiene lejos de las fuentes y/o abrevadores del poder.
El problema se convierte en preocupante, y alcanza extremos hasta ahora desconocidos, cuando es un colegio profesional, en este caso el de Periodistas de Cataluña, el que también practica el «córtese y péguese». Eso mismo es lo que han podido comprobar los miembros del citado colegio, que con fecha 31 de diciembre recibieron una carta en la que se les anunciaba el cobro extraordinario de una derrama de 10 euros como ayuda para el pago de la multa impuesta a Acció Cultural del País Valencià, por la emisión ilegal de la señal de TV3 a través de los repetidores instalados en la Comunidad Valenciana. La Junta de Gobierno del citado colegio había tomado esa decisión después de haber hecho suyo el contenido y continente de una carta remitida por el presidente de Acció Cultural, Eliseu Climent. Éste le había pedía personalmente y por carta al decano de los periodistas catalanes, Josep Carles Rius, traduzco textualmente, «una colaboración muy concreta: aprobar una cuota extraordinaria voluntaria de 10 euros, que sería cobrada por vuestro colegio a todos vuestros asociados, con excepción de aquellos que comunicasen su negativa a que se les cobrase en el plazo de diez o quince días». Pues bien, esa petición y en esos términos conminatorios es la que aparece en el escrito del propio Colegio de Periodistas. Eso sí, los periodistas que contribuyan con su obligada aportación recibirán una litografía de Tàpies, que es «reproducción de una obra suya donada de manera gratuita para la ocasión».
Hay que descubrirse, señoras y señores, ante la capacidad de enredo de Eliseu Climent. Cualquiera de nosotros trata de hacer frente a las dificultades y los problemas aplicándose la máxima que recomienda «hacer de la necesidad virtud». Climent, en cambio, de la necesidad hace caja. Lo ha hecho siempre; ahora, también. Fantástico. Y, para conseguirlo, es capaz de involucrar al propio colegio de Periodistas haciéndoles creer que ante la decisión de clausurar los repetidores, lo que «atenta contra la libertad de expresión, la pluralidad informativa, y la normalización del catalán y entorpece las relaciones entre el País Valenciano y Cataluña, es precisamente el sector profesional de los periodistas el primero que a nuestro entender ha de dar una respuesta solidaria y contundente». O sea, diez euros y a pagar por adelantado, lo que obliga a todo periodista que no quiera participar a tener que reclamar el reembolso de la cantidad abonada, con el riesgo consiguiente de pasar a formar parte de alguna «lista negra» que, por cierto, un periodista valenciano ya se ha mostrado dispuesto a confeccionar entre todos los desafectos, con todo lo que ello tiene de riesgo de quedar marcado. ¿Libertad de expresión en forma de obligada derrama? Ustedes mismos.
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