
Tomás Segovia presentó ayer en Madrid la poesía y la prosa literaria de Gérard de Nerval. EFE
Pocas veces una obra no muy extensa ha tenido una influencia tan radical en la historia de la literatura moderna como la de Gérard de Nerval (Gérard Labrunie, 1808-1855). Baudelaire, Mallarmé, el simbolismo y, más adelante, el surrealismo en buena medida son inexplicables sin su influjo. Más próxima al romanticismo alemán que al francés, la obra de Nerval ha explorado territorios fundamentales como el sueño, la locura, el inconsciente, el sincretismo religioso y el mito.
El poeta y ensayista Tomás Segovia ha culminado un extraordinario esfuerzo poniendo en manos de los lectores «Gérard de Nerval. Poesía y prosa literaria» (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), volumen al que no considera como unas «obras completas», sino como «obras literarias», entre otras cosas, porque «en un escritor como Nerval es muy dificil distinguir qué es literario y qué no es literario. En fin, si no son las obras completas, ahora se ha reunido lo más importante de su producción en este volumen», que además llena un hueco importante, pues sólo estaba parcialmente traducido al español.
Aunque fueron «los surrealistas quienes empezaron a decir que él era el verdadero gran poeta romántico y no Victor Hugo o Gautier», Nerval ya tenía una gloria anterior. A juicio de Segovia, «fue el primero que vio la relación entre la locura y el sueño, y en eso fue realmente un precursor. Nerval fue un hombre que experimentó la locura y que la trató de forma literaria, no con conceptos científicos o médicos. El lo da como una vivencia. Es autor de una frase que es insoslayable: «La locura es el derramamiento del sueño en la vida real». Haber dicho eso en mil ochocientos cuarenta y tantos es de una gran lucidez».
Sin embargo, aunque el tema del sueño y la primera adivinación del incosciente, en sentido moderno, sean muy interesantes, a Segovia aún le resultan «más interesantes el mito y el sincretismo en Nerval. Ahí están su idea de que todas las religiones son un lenguaje común; y su repaso por las religiones en esa búsqueda de conexiones, por ejemplo, cuando dice que Dionisos y Cristo son versiones de lo mismo. El centro de Nerval, más que el inconsciente, es el mito. Cuando afirma que «la locura es el derramamiento del sueño...», lo que está diciendo es que la locura es el mito. Me parece que fue Habermas quien dijo que cuando la modernidad mató a Dios, no pudo dejar de llenar su hueco. Y ese hueco el hombre lo llena con mitos, lo cual es muy peligroso, porque a veces cualquier cosa ocupa su lugar: la informática, el rock, las estrellas de cine o «el eje del mal» de Bush. Y es peligroso porque está funcionando como mito sin declararse como tal. En Nerval se da otra manera de entender que hay un lenguaje que no habla con la razón».


